La corresponsal (A Private War)

A Private War

A Private WarEn temporada de premios, cada año resulta más complicado defender la política de la Academia de Hollywood a la hora de designar las distintas candidaturas que optan a la dorada estatuilla. El mejor ejemplo de esta preocupante tendencia que quien esto escribe ha podido constatar en muchos años es el incomprensible ninguneo al colosal trabajo que la británica Rosamund Pike realiza metiéndose en la piel de la reportera de guerra Marie Colvin, en A Private War. Película dura donde las haya que logra bordear con pericia los clichés (adoctrinamiento, sensacionalismo) del cine bélico y comprometido, A Private War supone asimismo el debut en un largo del joven documentalista Matthew Heineman conocido por la apreciable miniserie The Trade, en torno al consumo desaforado de opiáceos en EEUU. Tanto director como actriz principal forman un tándem ganador en esta cinta que recorre los últimos años de vida de la tristemente famosa periodista neoyorquina. Colvin, quien perdió un ojo tras verse afectada por la explosión de una granada en Sri Lanka, se dio a conocer como comprometida corresponsal bélica para el británico Sunday Times en zonas de conflicto de Oriente Medio y Kosovo. La película, con instantes de verdadera crudeza, no escatima un ápice de dramatismo a la hora de mostrar tanto su tormentosa vida sentimental como su implicación personal a la hora de destapar desigualdades y vulneración de derechos fundamentales.

A Private War

El trabajo de Pike es impecable ya desde el cautivador arranque del filme, erigiéndose en protagonista absoluta y robándole secuencias sin pudor a sus partenaires masculinos: Greg Wise, Tom Hollander, Jamie Dornan y el siempre eficaz Stanley Tucci. Espléndida fotografía del tarantiniano Robert Richardson, aquí adoptando unos tonos deliberadamente documentales para las secuencias de guerra y exprimiendo al máximo las posibilidades de rodar en el desierto. Quizá se eche en falta algo más de profundidad en el relato, máxime a la hora de abordar los motivos (casi) inexplicables que impulsaron a Colvin a entregarse en cuerpo y alma a su vocación. Nada extraño si tenemos en cuenta que la película se basa no en un ensayo o una biografía al uso, sino en un artículo sobre la vida de Colvin publicado en la revista Vanity Fair; aunque en realidad esto responda a que un personaje de este calibre acaba fagocitando todo cuanto encuentra a su paso, para rubor de otros muchos compañeros de profesión que abdicaron de ella en favor del vil metal.

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