Constantino Martínez-Orts: «No cambiaría mi trabajo por nada del mundo»

Especial John Williams

Tras arrasar en la inmensa mayoría de las ciudades que componen la que hasta la fecha es la gira más ambiciosa de la Film Symphony Orchestra (FSO), la sinfónica que dirige Constantino Martínez-Orts (Madrid, 1977) regresa a Castilla y León los próximos 3 y 9 de marzo con el segundo concierto de su celebrado homenaje al maestro John Williams. Una orquesta que no deja de cosechar éxitos allá por donde pasa desde que iniciara su andadura en Valencia en el año 2013 y que está a punto de colgar el cartel de no hay billetes para su concierto del domingo, 3 de marzo en la sala Sinfónica del Centro Cultural Miguel Delibes. Charlamos con Tino en este tramo final de la gira para hacer balance y sondearle acerca de los próximo proyectos de la FSO, que por fin se lanza a la aventura y expande sus horizontes dentro de la Península para debutar en Portugal el próximo 10 de marzo.

Comprar entradas Valladolid – Domingo, 3 de marzo Sala Sinfónica CCMD.

Comprar entradas Salamanca – Sábado, 9 de marzo Palacio de Congresos.

Un detalle que se me ha escapado en otras entrevistas, y mira que hemos hablado ya varias veces, es que compartes fecha de nacimiento con John Williams, el 8 de febrero…

Una de esas casualidades que a mí me alegran. Cuando lo descubrí de niño fue como: ¿En serio? ¿Esto me está pasando a mí? Es como muy romántico, como que el destino me ha unido a él. Pero sí que es cierto que es una bonita casualidad que una de las personalidades a las que más admiro naciera el mismo día que yo y además es una de esas cosas que vas a poder repetir cada año durante el resto de tu vida.

¿Tu carrera como director de orquesta se ha visto marcada por esa casualidad?

Que coincidamos en la fecha de nacimiento sí que es una casualidad, lo que es cierto es que se podría ver luego como cuestiones del destino, ¿no? La música de Williams, su relación con Spielberg… En concreto, a mí de pequeño me impactó E.T. y fue un poco el detonante que despertó en mí una sensibilidad hacia la música sinfónica. Su carrera me supuso un punto de inspiración y un punto de partida.

¿Qué balance haces de este Tour 2018-19, el más ambicioso de la FSO hasta la fecha?

Al final, entre la gira y eventos privados estamos en torno a los 70 conciertos. Es uno de los momentos más bonitos que estamos viviendo. Tanto por la música que interpretamos, cada concierto es una experiencia emocional sin parangón, como en relación a la reacción del público. Esta vuelta a España en 9 meses, con el público entusiasmado y ver la felicidad en la cara de las personas es una de las experiencias más gratificantes que he tenido en mi vida.

Este fin de semana la gira os lleva a Burgos, Pamplona y Valladolid. ¿Cómo de complicado es desde el punto de vista logístico movilizar a tanta gente por la geografía española en un intervalo tan corto de tiempo?

Se lleva con mucha coordinación y un gran equipo detrás. Con cansancio, con alegría, es un proyecto titánico. Pero bueno, como suelo decir sarna con gusto no pica. Es agotador, porque es una panzada de kilómetros y al terminar como todos los lunes tendré que acabar yendo al fisio.

Pero bueno, cuando acabemos el domingo por la noche en Valladolid seguro que daré gracias por otro fin de semana de gloria que no olvidaré. Por todo esto, la gira homenaje a John Williams está valiendo la pena. Es muy sacrificado, pero no lo cambiaría por nada del mundo.

Supongo que tanto la acogida como todos estos sold outs no estaban ni en el mejor de vuestros sueños…

Para nada, en absoluto. Fue una apuesta romántica. Cada año, cuando me siento a reflexionar el próximo objetivo siempre pienso en qué podemos hacer para superarnos, para sorprender. La propuesta de rendir homenaje a John Williams era un riesgo. Una gira con dos programas, un doble concierto en la mayoría de las ciudades por las que pasamos. Con seis conciertos en Valencia, ocho en Madrid, cuatro en Barcelona… Existe riesgo y temor, pero el resultado final es de una gran alegría al comprobar la acogida que hemos tenido por parte del público. Repitiendo, recomendándonos. Cada nuevo espectáculo es un acto de responsabilidad para nosotros. Queremos estar a la altura y cumplir con las expectativas. Sabemos que no podemos fallar y también es nuestra manera de premiar la fidelidad de ese público que nos sigue desde los comienzos.

¿Ahora que encaráis esta recta final de la gira, te animas a confesarnos cuáles son tus composiciones favoritas de las que componen ambos programas?

Entrar en este terreno es súper complicado. No puedo ceñirme a dos obras, una de cada programa, pero sí he de confesar que he tenido momentos muy emocionantes, de llegar incluso a la catarsis, con la interpretación del tema de Nacido el 4 de julio. Esa sección central en que la cuerda presenta el tema que es una elegía epopéyica es algo tremendo. Y por otra parte, en otra onda totalmente distinta, la gran revelación ha sido dirigir la suite de El violinista en el tejado. No tiene nada que ver, obviamente, pero que por la cantidad y la variedad de las danzas es una obra de concierto virtuosística para violín solista y la verdad es que al público le está encantando y a mí me está divirtiendo muchísimo dirigirla. Pero claro, no podemos obviar Star Wars, Superman, E.T., Parque Jurásico, Indiana Jones, La lista de Schindler o Tiburón, aunque sea caer un poco en los tópicos.

Como espectador, además de un repertorio tan apabullante como el que citas, me ha sorprendido la puesta en escena con esa luminotecnia tan cuidada. ¿Fue muy costoso prepararlo todo?

Desde luego existe muchísimo trabajo previo. Tienes que contactar con un equipo de iluminación que entienda lo que tienes en la mente y lo te gustaría proponerle al público a la hora de vestir las composiciones. Que la iluminación refuerce lo que se cuenta a través de las partituras. Los impactos, los ambientes místicos, tenebrosos, terroríficos… Es recrear la historia y conseguir que el concierto se convierta en una experiencia y que ésta sea mucho más inmersiva.

El listón está cada vez más alto.

Yo lo entiendo así. El ser humano siempre tiende a superarse y los que somos demasiado inconformistas tenemos que tener mucho cuidado con esto, porque al tiempo que ponemos el listón cada vez más alto el grado de insatisfacción puede ser importante. Siempre quieres mejorar, innovar… Sorprender es una parte importante de los espectáculos de la FSO. Siempre trataremos de innovar dentro de hacer lo que hacemos, que es tocar música de cine.

¿Y qué te ronda la cabeza de cara al próximo espectáculo?

No te puedo desvelar aún nada (risas). Estamos ya ultimando detalles…

¿Podría tratarse de nuevo de un programa dedicado a un compositor?

Podría ser…

¿Con un apellido muy europeo?

Ahí ya no te puedo responder (risas).

La próxima semana rematáis esta tanda por el noroeste peninsular con una particularidad y es que además de recalar en Salamanca el sábado 9 de marzo, al día siguiente dais el primer concierto de la FSO en Portugal. ¿Hay nervios de cara a ese concierto en Oporto?

Pues sí que hay nervios, porque es nuestra primera parada en el país vecino. El público no nos conoce, no sabe lo que hacemos y queremos impresionar, impactar y sembrar. Al igual que ocurrió aquí es un trabajo de muchos años, de que el público confíe en nosotros y se genere expectación ante lo nuevo que vamos a presentar. En Portugal se trata de eso, de impactar, sonar lo más brillantemente posible, las luces… Que yo esté lo más locuaz posible, que para mí es un reto porque voy a tener que hablar en portugués. Me está tocando practicar para que por lo menos se me entienda.

Sin entrar en detalles, ni querer polemizar, ¿te sientes dolido por ciertos intentos de desestabilizar o desacreditar el trabajo que realizáis desde la FSO a lo largo de más de un lustro?

Por supuesto que te sientes dolido. Con respecto a desacreditaciones, comentarios, etc. nos duele que se tergiverse la información. Desde FSO siempre estamos pensando en propuestas originales y creativas en términos de marketing. Algunas iniciativas no se entendieron bien por parte de algunas personas y se intentó hacer mucho daño. Sería impensable que una compañía como la FSO que mueve a más de 70 músicos, más técnicos, montadores, transportistas, etc. pudiera sobrevivir a lo largo de más de cinco años si no pagásemos a la orquesta, a la empresa de autobuses que nos lleva, los hoteles, logística, iluminación, comunicación, publicidad… Al fin y al cabo, en torno a la Film Symphony Orchestra hay más de 150 profesionales que trabajan directa o indirectamente y sería impensable mantener que esto se sostiene sin pagar a la gente. Vivimos en un mundo en el que no todos se alegran de los éxitos de otros y se suscitan envidias, celos… Esto es inevitable y creo que la manera más elegante de afrontarlo es ignorarlo.

Homenaje a John Williams

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