Free Solo

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Free SoloAcostumbrado a escalar montañas en solitario, lo que Alex Honnold quizá nunca supuso es que su mayor reto fuese una cumbre llamada Sanni. Nacida en Seattle, pero criada en Carolina del Norte, donde se graduó en psicología, Cassandra ‘Sanni’ McCandless formó parte durante unos años de un grupo femenino de escalada. Una noche, en noviembre de 2015 junto a una amiga acudió a la presentación que tuvo lugar en su ciudad de la autobiografía del huidizo mito de la escalada Alex Honnold, Alone on the Wall. Aquella noche cambió la vida de ambos. Free Solo, el exitoso documental reciente ganador de un Oscar y producido por National Geographic no sólo nos muestra la obsesión de Honnold por hacer cumbre en El Capitán, la icónica montaña del Parque Nacional Yosemite. A lo largo de cien minutos el documental rodado por el matrimonio que integran los cineastas Jimmy Chin y Elizabeth Chai Vasarhelyi nos desvela aspectos íntimos del deportista extremo. Pero más allá de poder entrar en la ‘trastienda’ de cómo se prepara un reto tan a priori descabellado como querer escalar los casi mil metros de El Capitán sin otra ayuda que sus propios pies, manos y una bolsa de magnesio prendida a su espalda, Free Solo nos descubre esa intimidad y a través del trato que mantiene con sus seres más cercanos obtenemos una idea bastante precisa de la escarpada personalidad de Honnold.

Por todo ello, la relación del escalador con su por entonces novia, Sanni, supone un punto de inflexión en la narración del filme, que tendrá sorprendentes consecuencias no sólo para los espectadores, sino —como podremos comprobar— para el propio Alex y el equipo de cineastas que lo acompaña. Rodado con una envidiable pericia, sobre todo en lo relativo a las secuencias de escalada, Free Solo es una rara avis dentro del género. Pocas veces los aspectos psicológicos cobran tanta importancia en el desenlace final de un reto de semejantes proporciones y los cineastas consiguen trasladar toda esa lucha interna del deportista por ver cumplido su sueño, aunque —y ésta es parte de la sorpresa— no a cualquier precio.

Bella fotografía de los espacios naturales que rivalizan con el propio Honnold en espectacularidad, lo que unido a la solvente banda sonora de Marco Beltrami (sólo chirría el tema final de los créditos) dotan al conjunto de un acabado muy lustroso y accesible para el espectador profano. Eso sí, absténganse aquellos que padezcan de vértigo.

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