Williams, maestro de maestros

FSO_CCMD_ Valladolid

Algo tan difícil como alcanzar la excelencia es ya una realidad para la Film Symphony Orchestra (FSO) que dirige con maestría Constantino Martínez-Orts. La sinfónica así lo demostró durante el segundo recital en homenaje al compositor John Williams que se desarrolló el domingo 3 de marzo en la Sala Sinfónica del Centro Cultural Miguel Delibes, de Valladolid. Una nueva cita de la FSO con el público pucelano y, sin lugar a dudas, la actuación más completa de la orquesta que comanda Martínez-Orts. No sólo gracias a la calidad de las composiciones que integran este segundo programa que rinde pleitesía al maestro Williams, sino por la riqueza de matices interpretativos y el innegable virtuosismo de los músicos que componen la FSO; la del domingo será una noche que tardaremos en olvidar. Arrancaba este segundo programa, que daba continuidad a la cita precedente del mes de diciembre, con una fanfarria olímpica en la que Williams despliega el amplio abanico cromático que puede alcanzar una orquesta sinfónica y la de Martínez-Orts volvió a rayar a gran altura. Con los acordes que pusieron banda sonora en Los Ángeles 84 al derroche físico de Carl Lewis, El hijo del viento, nos dejamos arrastrar por el verbo ágil de Tino y galopamos a lomos de Joey, ese caballo de batalla que cambiaría el rumbo de la Gran Guerra. Pese a formar parte de la filmografía menor de Steven Spielberg, tanto la composición de War Horse, como la de la cuarta entrega de Indiana Jones sirvieron para sentar las bases de la velada. Pulso, emoción y una manera de transmitir desde el escenario que se reflejó en cada ovación con que el público vallisoletano obsequiaba a los intérpretes al término de cada interpretación.

Con Martínez-Orts haciendo gala de toda su expresividad, tanto gestual como locuaz, el concierto avanzó por composiciones repletas de matices y que conforman el repertorio menos conocido del genio neoyorquino. El delicado toma y daca entre violín y violonchelo de El vals del presidente, de Memorias de una geisha; la soberbia banda sonora de Encuentros en la tercera fase, capaz de dejarnos sin aliento; y ese dramatismo sobrecogedor que Williams alcanza en Munich con el tema Una oración por la paz, con los brazos de Tino queriendo asir las notas en un figurado vuelo que nos devolvía de nuevo a la fanfarria. La suite de El patriota, con la que Williams bordea el autoplagio de la composición que abre programa y en la que brillan los piccolos a modo de pífanos, abriendo el tema. Así llegamos a uno de los hitos del show, el Flying Theme, de E.T. con el que todos volvemos a ser niños antes de atravesar la arcada que da acceso a Jurassic Park y empequeñecer ante la majestuosidad de una de las composiciones icónicas surgidas del genio inabarcable de Williams.

FSO_CCMD_ ValladolidPor idénticos derroteros discurrió la segunda parte del programa. Martínez-Orts demostró una soltura didáctica digna de encomio que iba intercalando con pequeñas bromas —ora con sus músicos, ora al respetable, que correspondía con aplausos entregados—. El recital alcanzó su clímax tras la interpretación del tema principal de Las cenizas de Ángela. Ya se nos había insinuado previamente, pero la abundancia de estímulos sonoros y visuales no auguraba por asomo tal deleite. Aunque en la entrevista previa, Tino nos había puesto sobre la pista, el virtuosismo que desplegó Manuel Serrano Lledó al concertino durante su interpretación del solo final de El violinista en el tejado hizo enmudecer al auditorio pucelano que prorrumpió en una atronadora ovación al término de la misma. El ambiente se tornó intimista no sólo debido al acertadísimo repertorio, sino gracias a la puesta en escena, más sobria que la correspondiente al Programa I, menos dependiente de los juegos de luces, pero apostando por crear una atmósfera cercana y acogedora por la que discurrió todo el concierto, pero en especial este tramo final.

Del profuso en matices prólogo de JFK al divertido duelo de la incidental composición de Las aventuras de Tintín, con las afiladas cuerdas de violines y violonchelos rivalizando en una pelea simpar llegamos casi de manera imperceptible a otro de los momentos de la noche. El solo de clarinete de Mariano Cortias para el tema principal de La terminal (La historia de Viktor) fue otro de los momentos cumbre de una noche que se tornó bruja gracias a La danza del diablo, de Las brujas de Eastwick. Fantástica, la interpretación que realizó la sinfónica valenciana de esta arriesgada composición de Williams, que dio paso a dos de los momentos más deseados de la noche ya en la recta final. Tanto la Raiders March, de la primera parte de Indiana Jones como el tema final de Star Wars, The Throne Room/End Credits dieron buena cuenta de esa eminencia interpretativa que la FSO ha llevado a cabo a lo largo del último lustro. Unas interpretaciones que dieron paso al deseado fin de fiesta regado esta vez con confeti y un auditorio puesto en pie para agradecer la entrega de una orquesta sinfónica que se ha ganado por méritos propios un lugar destacado en nuestra memoria.

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