Vox Lux: el precio de la fama

Vox Lux

Vox LuxExasperante y pretencioso ejercicio de estilo que naufraga tanto en el fondo como en la forma, Vox Lux es el segundo largometraje del actor Brady Corbet. Nada funciona en este interminable falso biopic de la estrella adolescente Celeste Montgomery (Raffey Cassidy/Natalie Portman), una suerte de híbrido descafeinado de Lady Gaga y Sia Furler. No en vano, esta última ejerce junto a Portman y Jude Law (quién te ha visto y quién te ve) como productores ejecutivos y varios de sus outtakes (canciones descartadas) ejercen aquí de molestos y repetitivos leitmotivs sonoros e incluso argumentales (¿?). La película fía su suerte a un impactante prólogo en el que el realizador desvela sus cartas: pomposa realización y efectismo a raudales. Desde esos paneos deliberadamente imperfectos a la cuestionable decisión de tratar de epatar al espectador a través de los inesperados títulos de crédito todo chirría sobremanera en esta tediosa película. Injustificables planos secuencia sin propósito alguno, soliloquios interminables y vacuos…

Casi dos horas que se tornan eternas y en las que Natalie Portman, principal reclamo del filme, no hace acto de presencia hasta la mitad del metraje. Para entonces, quienes hubieran decidido seguir dándole oportunidades al director (como quien esto escribe) comenzarán a preguntarse qué pudo hacerle querer llevar esta ramplona historia a la gran pantalla. Y lo que es más, qué motivos se encuentran detrás de la implicación de Natalie Portman en un producto así. A su afectada y sobreactuada interpretación hay que sumar el inenarrable número musical final, subrayado con la voz en off de Willem Dafoe, que deja en el espectador la molesta sensación de haber desperdiciado dos horas de su vida en una tomadura de pelo con ínfulas de cine de autor.

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