Nosotros (Us)

Us

UsLa irrupción de Jordan Peele con Get Out ha resultado no ser flor de un día, sino la constatación de que estamos ante uno de los cineastas más interesantes y poliédricos de los últimos años dentro del terror psicológico. Dotado de un talento innato para la planificación de secuencias y con un dominio reseñable de los diálogos, Peele vuelve a lanzarnos uno de sus dardos envenenados con Us (Nosotros). Historia familiar, pero que pronto se torna en universal, Us (inteligentísimo guiño en el título a todo un país) se nutre de una vasta simbología —del pop a la psiquiatría— que logra hacer propia hasta el punto de convertirla en referencial. Si bien en esta ocasión la fuerza del relato recae en la inconmensurable interpretación que nos regala —por partida doble— Lupita Nyong’o. Erigida en (consciente) alma del filme, Nyong’o realiza una composición soberbia capaz de hacernos olvidar de que esta vez lo más importante de la película no es su previsible giro de guion, sino las múltiples capas que la conforman (y que enriquecen su visionado a posteriori).

Metáfora distópica de la despersonalización a la que voluntariamente nos hemos entregado como sociedad. Ejército de zombies salidos de Thriller, el mítico videoclip ochentero con el que Michael Jackson nos aterrorizó y encandiló a partes iguales, Us fagocita una tras otra de cuantas referencias pop se le ponen a tiro en beneficio de un relato en apariencia simple y frustrante para el espectador ávido por descubrir el truco cuanto antes. Peele no es Shyamalan —afortunadamente— y en éste su segundo filme (que de nuevo escribe, produce y dirige) se burla conscientemente del slayer (el guiño constante a Viernes 13) al tiempo que retoma con fiereza la vertiente más política —impagable el momento N.W.A.— que de manera indisimulada encerraba Get Out.

Alienación, ansiedad, lucha de clases, inmigración, el muro de Trump y la constatación de que todos albergamos un enemigo interior (doppelgänger) que nos consume y que en ocasiones llega a adquirir forma corpórea. La película posee un pulso vibrante, que apenas da lugar al respiro, con un montaje y una fotografía soberbios. El resto del elenco logra la difícil tarea de estar a la altura y no desmerecer a una protagonista absoluta y terrorífica, cuyo despliegue físico —y vocal— ya forma parte del olimpo del cine de terror psicológico de todos los tiempos.

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