Adiós al encanto; hola, parque temático

J. Balvin @ NOS Primavera Sound

Es el signo de los tiempos. Bajo el lema The New Normal se presentaba una nueva edición del festival Primavera Sound con una decidida apuesta por los ritmos urbanos y la paridad en el cartel de la cita anual festivalera. Un lineup no exento de polémica que más allá de la cita barcelonesa ha terminado por marcar el devenir de la edición portuguesa del festival: el NOS Primavera Sound que desde 2012 acoge el Parque da Cidade, de Matosinhos. El verde enclave portuense que ha marcado el desarrollo de la cita desde sus inicios ha pasado de ser el mayor atractivo del Primavera portugués a convertirse con el paso de los años en una suerte de parque temático.

Sabedores de que el cartel del irmãozinho ha ido menguando respecto de la cita barcelonesa edición tras edición, es especialmente en estas dos últimas citas cuando se ha podido constatar que la música ha pasado a ocupar un cuestionable segundo plano en favor del espectáculo. Léase éste como la reunión de dos o tres figuras más o menos mediáticas que ejerzan de cabezas de cartel en cada una de las tres jornadas festivaleras y una colección de nombres menores —en ocasiones muy menores— que completen la oferta. Sin olvidarnos de la parte más complaciente, merced a las dos escaleras que flanqueaban el escenario principal por las que pudieran descender los artistas y darse un calculado baño de multitudes. A resultas de dicha política, el Parque da Cidade presentó este año un aspecto bastante aceptable en la primera jornada, con la hermanísima Solange como cabeza de cartel, y se tornó impracticable tanto el viernes (J. Balvin) como el sábado (Rosalía). En ambas jornadas el arranque del festival discurre con el habitual ritmo pausado, colas inexistentes tanto en la zona de restauración como en las primeras filas de los escenarios, para de repente y a medida que se acerca la hora del cabeza de cartel comprobar cómo ingentes cantidades de personas aparecen de la nada copando el Palco NOS y convirtiendo el parque en un laberinto imposible de descifrar en la oscuridad de la noche portuense. Cerca de 75.000 personas en tres días dan para muchas anécdotas.

Parque da Cidade, Matosinhos

El caso más sangrante fue el registrado el viernes. Un aluvión de adolescentes (muchos de ellos acompañados de sus padres) que al filo de las nueve de la noche irrumpieron en el parque directos a tomar posiciones frente al escenario principal una hora antes de que el reguetonero de Medellín hiciera acto de presencia y que una vez terminado el show —para el que llegaron a pedir bises con insistencia— abandonaran el recinto por donde habían venido. ¿Es éste el objetivo de un festival como el Primavera Sound? ¿Compensa a la organización la paupérrima imagen de los palcos medio vacíos durante el arranque de los dos primeros días (el sábado es caso aparte) para asegurarse la foto aérea nocturna de un escenario principal abarrotado durante apenas 60 minutos?

Y decimos que el sábado es caso aparte porque al tratarse de una jornada festiva, en Porto y alrededores ya se ha asociado este día como el de la visita familiar al parque con el consiguiente lleno desde primerísima hora. Algo potenciado por la propia organización, que programa artistas portugueses para deleite del respetable. Así, la actuación de Jorge Ben Jor en el escenario principal antes del concierto de Rosalía congregó a tanto público que tratar de ver a la catalana se convirtió en poco menos que una misión imposible. Si querías no perder detalle (a unos 50 metros de la cabecera del escenario) tenías que renunciar al show de Amyl & The Sniffers en el colindante palco Super Bock o al de Guided By Voices, en el más alejado SEAT. El mismo lugar donde al filo de las 22.30 horas Kate Tempest se vio beneficiada por el incesante trasiego de todos aquellos que no encontraron acomodo par intuir a Rosalía en lontananza.

Pero vayamos con lo musical, que en el fondo es lo que importa. Agridulce regusto al término de esta octava edición del festival portuense con evidentes desequilibrios en la distribución del cartel por días.

Jueves, 6 de junio

Solange

El festival arrancaba tras una mañana de tormenta y vientos cercanos a los 40 kilómetros por hora que presagiaban un desastre meteorológico similar al vivido un año antes, cuando el sábado se tornó el diluvio universal. Por suerte, las tormentas que arreciaron tanto en Porto como en Matosinhos durante todo el mediodía remitieron minutos antes de la apertura de puertas y el show de Dino D’Santiago en el escenario Super Bock discurrió bajo un sol de justicia. Cosas del clima atlántico, como veremos a continuación. La (testimonial) presencia española en esta edición arrancó con un anodino concierto de Christina Rosenvinge en formato trío a la que, unido a la apatía del escaso público presente, el escenario principal se le hizo demasiado grande. Por suerte todo cambió con la aparición de los canadienses Men I Trust en el palco Super Bock. Delicioso su concierto al filo de las siete de la tarde, que sirvió para quitarnos el mal sabor de boca de las cancelaciones de Ama Lou y Peggy Gou (no serían las únicas). Con todo y con eso, la del jueves fue una magnífica jornada en lo musical. Built To Spill atronaron con solvencia en el escenario principal, del mismo modo que Jarvis Cocker cumplió bajo el diluvio universal (por sorpresa) en el escenario SEAT con un show mimético al ofrecido en Barcelona la semana anterior. También cumplieron Stereolab en idéntico escenario, aunque a su enérgico arranque le faltó una mayor continuidad en la parte central. Pero, con permiso de Solange y sus bailarines, la gran triunfadora de la noche fue Miya Folick. La californiana —mitad japonesa, mitad rusa— demostró una potencia vocal y un sentido del espectáculo envidiables. Pese a su juventud fue la gran estrella de la jornada en el palco Pull & Bear, que estrenaba patrocinio, con un show en el que alternó momentos de alta intensidad con otros más íntimos entre los que destacó un sentido homenaje a Prince, la víspera del nacimiento del difunto genio de Minneapolis, versionando guitarra en ristre la icónica Nothing Compares To You (algunos de cuyos versos llevaba escritos a modo de ‘chuleta’ en la mano izquierda). Pese a la expectación, el show de Solange no hizo justicia alguna a las innumerables alabanzas que le regala año tras año una parte de la crítica. A su término, otro diluvio precedió a la actuación de Let’s Eat Grandma en el Pull & Bear para cerrar por nuestra parte la noche de la jornada inaugural.

Viernes, 7 de junio

J. Balvin

Con diferencia, la jornada más floja del festival en el último lustro y la confirmación de la pérdida de identidad en favor del vil metal. Lo del viernes fue un cúmulo de sinsentidos que se había fraguado días antes, al conocerse que Kali Uchis no pasaría por Porto y su lugar lo ocuparía el dj y productor luso João Barbosa (Branko). Por si fuera poco, ese mismo viernes supimos que un problema aéreo también nos privaría del concierto de Mura Masa en el palco SEAT por lo que la jornada se veía casi reducida a lo que programaba el escenario principal. Bueno, eso siempre y cuando lográsemos llegar a tiempo al Parque da Cidade. Un año más, STCP, el servicio de autobuses de Porto, hizo de las suyas y el trayecto del primer bus que partió de Aliados tardó más de una hora en recorrer una distancia que en condiciones normales se cubre en la mitad de tiempo. Con estos mimbres, el arranque del día en Matosinhos no fue sencillo. Tras el concierto de Aldous Harding por el escenario Super Bock pasaron Nilüfer Yanya con un show completamente olvidable e incapaz de aguantar la comparación con el que la jornada anterior nos había regalado Men I Trust. La llegada de Courtney Barnett al palco NOS ya fue harina de otro costal. La australiana se mostró tan magnética y contundente como acostumbra, prolongando su idilio con el público portuense. En el otro extremo del parque, los irundarras Lisabö se presentaron en el palco SEAT ante un puñado de incondicionales. El buen sabor de boca de la tarde se fue diluyendo a medida que el parque se llenaba de un gentío ansioso de reguetón. Miles de personas formando una interminable riada desde la entrada del recinto que desembocaba frente al escenario principal para asistir al concierto del colombiano J. Balvin. Una pachanga musical en la que el de Medellín apenas canta o baila, algo que poco o nada parece importarles a sus enfervorizados fans que corean cada estrofa, cada estribillo y chillan sin parar. Es imposible no pensar que por ese mismo palco NOS han pasado a lo largo de los años nombres como los de Damien Rice, Anoni o Sigur Rós (por citar sólo tres ejemplos) y el silencio reverencial con el que el público asistía a sus shows. Pero como decíamos al comienzo, es el signo de los tiempos. Un público en su mayoría adolescente que se comporta como si estuviera en una verbena popular y no para de hacerse selfies y grabar durante todo el concierto. Por cierto, el festival no agotó abonos en esta edición y durante los días previos su patrocinador principal regaló cerca de un millar de entradas de día a sus abonados. Para quienes el FestiBalvin no fue de su agrado tuvieron en Liz Phair, Fucked Up e Interpol (pese a su evidente baja forma) el antídoto perfecto. La noche en el escenario principal la cerró un lánguido James Blake del que sin duda se esperaba más.

Sábado, 8 de junio

Con un sol de justicia y la esperanza de quitarnos el mal sabor de boca del viernes, la última jornada del NOS Primavera Sound 2019 se presentaba repleta de nombres femeninos en nuestra selección musical. Sabedores de que tendríamos que hacer equilibrios para contrarrestar los solapes, nos encaminamos al palco NOS donde los norteamericanos Hop Along (tremendo vozarrón, el de Frances Quinlan) se las vieron y se las desearon para arrancar algunos aplausos entusiastas del escaso público presente a esas horas de la tarde. Más fácil lo tuvo Lucy Dacus en el escenario Super Bock. La cantautora de Richmond se mostró claramente sorprendida por la buena acogida que tuvieron sus canciones ya desde el inicio mismo del bolo, con un público entregado en sus primeras filas y dispuesto a corear de principio a fin un setlist en el que no dejó de sonar ni uno solo de sus grandes éxitos. Pese a su juventud, Dacus —al igual que sucedería después con Snail Mail— se mostró muy solvente sobre el escenario e igualmente encantada de actuar en Porto. Dacus también se atrevió a mostrar su escepticismo y afirmó que no podía explicarse cómo el público prefería estar viéndola a ella y no a Big Thief, que actuaban a la vez en el palco SEAT. Como colofón nos regaló un tema nuevo para el que pidió que el público se abstuviese de grabarlo en vídeo. Antes de ir con la maravilla de concierto que nos regalaron Big Thief dejamos constancia aquí de la anécdota del festival, propiciada por el cantante de los suecos Viagra Boys. Su concierto tuvo lugar en el escenario SEAT minutos después de que comenzase en el palco NOS el de Hop Along. Cabe recordar que el SEAT es el único escenario del festival portuense flanqueado por gradas y en una de ellas puede leerse un luminoso que reza: Created in Barcelona. Quién sabe si éste fue el motivo, lo que es innegable es que sin saber muy bien por qué el vocalista Sebastian Murphy soltó de repente un «Thank You, Barcelona» que resonó en todo el parque arrancando no pocas carcajadas.

Palco SEAT

Anécdotas aparte, el resto de la jornada estuvo marcada por la presencia de los neoyorquinos Big Thief en el escenario SEAT y por la catalana Rosalía en el palco NOS. La banda de Adrianne Lenker hizo magia para transportarnos a un lugar que sólo existe cuando ellos se suben al escenario. Poco importó que éste no fuera el que se merecían (lo suyo hubiera sido darles el escenario principal, aunque quizá eso ya forma parte del pasado), ya que Lenker y los suyos consiguieron transportarnos en su burbuja sonora a esos primeros años del festival en los que cada concierto se mimaba y se establecía una comunión entre el público y el artista. Al ser el último concierto de la gira del grupo, a modo de despedida Lenker hizo salir a compartir escenario con ellos al resto del equipo y todos juntos interpretaron Masterpiece. Casi levitando nos dirigimos hasta el escenario Pull & Bear donde la adolescente Lindsey Jordan descargó toda la rabia de su proyecto musical Snail Mail. Entre bambalinas pudimos ver a dos invitadas de excepción: Sara Beth Tomberlin y Lucy Dacus. Más rabia y actitud punk desplegaron sobre el palco Super Bock Amyl & The Sniffers en un show que se vio eclipsado por las (de nuevo) interminables aglomeraciones de gente en dirección al escenario principal donde al filo de las 22.00 horas actuaría Rosalía. Tremendo espectáculo el que presenta en directo junto a Pablo Díaz-Reixa (El Guincho) y una cohorte de bailarinas. Un show muy superior a todo lo que se pudo ver en el escenario principal los días precedentes y que justifica por sí solo la presencia de la catalana en la cita portuense. Erigida ya en artista con mayúsculas, Rosalía fue el foco de todas las miradas. Centenares de teléfonos móviles registraban cada baile y cada cambio de escenografía, algo similar (aunque a mucha menor escala) a lo que sucedería después en el mismo escenario con Erykah Badu. Al término del show de Rosalía se produjo otro de esos incomprensibles fallos de programación que tanto han abundado esta edición. Low y Neneh Cherry competían por atraer a un público que huérfano de luces y sonidos deambulaba por el parque en mitad de la noche. La actuación de Low en el palco Super Bock fue, en cuanto a público, de lo más deslucido que uno recuerda. Por su parte, Neneh Cherry estuvo a punto de no tocar en Porto. El avión que la debía llevar desde Barcelona tuvo un problema, los bajaron de él, luego le perdieron el equipaje… Con este panorama parecía que todo jugaba en contra de la cantante sueca, pero su espectáculo ante un abarrotado palco Pull & Bear no desmereció.

El sentimiento generalizado, no sólo nuestro, tras esta edición del festival es que sus organizadores deben decidir qué dirección van a tomar en las sucesivas citas. Parece claro que la jornada del sábado está condenada a convertirse en una suerte de picnic musical para todos los públicos, con miles de personas recorriendo el parque de un lado a otro sin saber muy bien qué están viendo. Preocupa también la proliferación de ese público que asiste a los conciertos para hablar a voces de espaldas al escenario. Si por algo destacaba en el pasado el festival portuense era por el respeto que los espectadores mostraban tanto hacia el resto de los asistentes como hacia los músicos. ¿Será esto también The New Normal? De momento ya conocemos las primeras confirmaciones para la edición del año que viene, a la habitual presencia de Shellac se suman Pavement. La banda californiana actuará en exclusiva en Barcelona y Porto.

Setlists

Big Thief

Paul
Shark Smile
Shoulders
Not
Sleep Paralysis
Capacity
Forgotten Eyes
Buck Meek Solo
Terminal Paradise
Mythological Beauty
Real Love
Masterpiece

Rosalía

Pienso en tu mirá
Como ali
Barefoot in the Park
De madrugá
Catalina
Que no salga la luna
Maldición
Te estoy amando locamente
A ningún hombre
De aquí no sales
Di mi nombre
Bagdad
Brillo
Lo presiento
Con altura
Aute Cuture
Malamente

Miya Folick

(I’m Hard)
Premonitions
Stock Image
Cost Your Love
Deadbody
Give It to Me
Nothing Compares 2 U (Prince cover)
Babygirl
Thingamajig
Leave the Party
Stop Talking
Freak Out
Woodstock (Joni Mitchell cover)
Double Dare

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