Quique se doctora en la pequeña Nashville

Quique González & Los detectives

Un año más, los amantes de la americana music están de enhorabuena. Y lo están gracias a festivales como el Huercasa Country Festival que acaba de echar el cierre a su sexta edición, celebrada en el municipal ‘Las Delicias’, de la coqueta localidad segoviana de Riaza. Por su cartel y antes los ojos de más de 12.000 personas, según cifras facilitadas por la organización, han pasado en la presente edición nombres tan reconocibles (incluso) para el gran público como Ashley Campbell, Hayes Carll, Will Hoge, Chuck Mead, Jeff Spinoza o Sid Griffin y sus míticos Long Ryders. Pero si a nivel mediático hay un artista que ha logrado destacar sobremanera frente al resto, éste es, sin ninguna duda, el madrileño Quique González.

Llegaba el hijo adoptivo de Villacarriedo a Riaza precedido por una inusitada expectación para lo que se estila en nuestro país. Aunque, bien pensado, tampoco es de extrañar: Quique se ha labrado una sólida carrera de músico de culto a lo largo de dos décadas de pisar escenarios y quemar kilómetros; a lo que debemos sumar que llevaba año y medio en el dique seco tras una exitosa gira con su banda, Los detectives. Un ‘retiro’ que le ha permitido, entre otras cosas, dar forma a ese proyecto musical que llevaba años pergeñando junto a Luis García Montero, pero esa es otra historia. Buena cuenta de ese prestigio que Quique atesora entre los melómanos la dio la multitudinaria pléyade de seguidores abarrotando las primeras filas del escenario segoviano minutos antes de que hiciera acto de presencia para cerrar la jornada del viernes del Huercasa y la electricidad se palpaba en el ambiente. Una atmósfera caldeada en gran medida por su predecesor sobre las tablas: Will Hoge, quien regaló al público un contundente setlist en el que desgranó gran parte de su último trabajo, ‘My american dream’ (aunque no sonara Stupid Kids).

El idilio entre Quique y el Huercasa se gestó hace ahora un año, cuando acudió como público al festival riazano. Las ganas de tocar y poder reencontrarse con la atmósfera genuina que invade este inusitado evento le hicieron programar para este mes de julio una mini-gira que contaba con el Huercasa como cita central. De hecho, Quique remozó la banda para acentuar ese aire country que destilan sus discos desde que —en 2009— viajara a Nashville para grabar ‘Daiquiri Blues’. Dentro de esa apuesta por alcanzar un sonido más redondo, Los detectives se han visto ahora enriquecidos por Álex Muñoz (guitarra, pedal steel) a las seis y las doce cuerdas y Raúl Bernal (Dolorosa) al acordeón y los teclados. A la banda se le seguirán sumando David Chuches y Nina —como ocurrió en el primer concierto de la mini gira, en Torrelavega—siempre que se lo permitan sus compromisos con Morgan. Por desgracia, tras forzar la máquina en su patria chica cántabra, Quique llegó a Riaza con la voz tocada, pero, eso sí, repleto de energía. Ese chute de responsabilidad y vocación le llevó en volandas durante la primera hora de concierto. No pasaron desapercibidas algunas leves señales que nos recordaban su promesa inicial nada más saltar al escenario: «No estoy del todo al cien por cien, pero voy a dar el 100% de todo lo que tengo». Y lo hizo. Vaya si lo hizo. Poco importa que su voz se perdiera entre el estruendo colectivo al entonar ‘Ejércitos del rock rompiendo filas’. O que Pepo López (Chivo Chivato) tuviera que ejercer de gustoso lugarteniente en algunos pasajes del concierto.

Nada de esto habría sido noticiable si el propio Quique no lo hubiera revelado nada más saludar al público. Pero esto también forma parte de su grandeza. Irreprochable su entrega —la de toda la banda— durante las primeras nueve canciones. Desde ese emocionante arranque que suponen los primeros acordes de Se estrechan en el corazón hasta desembocar en Pequeño Rock & Roll, quitándose la chaqueta al tiempo que sacudía de un plumazo los cimientos más puristas y demostrando que en el cajón de la americana music cabe toda la música de raíz y más cuando llega repleta de verdad y sentimiento. El que destilaban las miradas cómplices con Pepo, a su izquierda en el escenario, o las otras, más sutiles, de reojo con el bajista Alejandro ‘Boli’ Climent, a su espalda y junto al batería Edu ‘Sunrise’ Olmedo. La sección rítmica volvió a ser infalible una noche más. Como en los nuevos viejos tiempos Los detectives habían llegado a la ciudad y sobre la hierba el público se dejaba la voz con Quique. Sonreía con Quique y también temía por él.

La suerte estaba echada y todo lo demás ya no importaba nada. Como buen kamikaze, Quique se lanzó a tumba abierta en ese rush final que tras Miss Camiseta Mojada inauguró la versión más hillbilly que uno recuerda de Te lo dije, uno de esos trallazos que erizó más de un vello en las primeras filas desde donde los suyos le gritaban «Grande, Quique». Él sonreía como lo hacen los púgiles que saben que el combate no llegará a los puntos. Era el momento de la verdad, un uppercut y a dormir. Con el estado de gracia de los últimos shows encaró Tenía que decírtelo y mientras su garganta imploraba rendición tras la avería pudo tomar aire antes de atacar una de las versiones más emotivas de Dallas Memphis de los últimos años.

Arriba y abajo del escenario todos sabíamos que ahora sí era el final y nos unimos en una sola voz para entonar Salitre. Álex Muñoz y Pepo López ejercían de salvavidas al micro justo antes de que se parase el tiempo. Fue en la parte central de Y los conserjes de noche, a una sola del knock out cuando Quique sacó su pequeña armónica del bolsillo trasero de los vaqueros y comenzó a soplar con toda la rabia que su maltrecha garganta ya no le permitía. En ese instante el municipal de Riaza enmudeció. Miles de personas aguantando la respiración mientras la suya insuflaba vida a esa Hohner G Harp que después regaló al público. Quique se aferraba con ambas manos, primero a la armónica y luego al micro, como tratando de evitar lo inevitable. El abrazo eterno con Pepo tras presentar a la banda hizo que sobraran las palabras. Ante un mar de vítores y aplausos, Vidas cruzadas cerró la noche una vez más, aunque ésta no era una vez cualquiera. Hora y media de concierto y 18 canciones después Quique —Don Enrique González Morales— había cumplido su promesa. Lo había dado todo.

La tarde de esta primera jornada de la sexta edición del Huercasa Country Festival la había abierto la compositora de Phoenix Ashley Campbell. La más joven de los ocho hijos de Glen Campbell deslumbró con la actuación inaugural de la cita segoviana. Rodeada de una joven banda de virtuosos, entre los que también se cuenta su hermano Shannon, la banjista recorrió diversas vertientes del country & western en una suerte de grandes éxitos del género (Jolene incluida) e incluso dentro de su repertorio hubo espacio para versionar en un muy aceptable castellano La chica de ayer, de Nacha Pop. La del viernes fue la jornada más completa de las dos que conformaron la cita riazana. Mucho se esperaba también del sábado, con el tejano Hayes Carll como cabeza de cartel. Sin embargo, su propuesta quizá intimista en exceso no terminó de conectar con el público asistente. Unos espectadores que sí disfrutaron de lo lindo en el arranque sabatino con la HCF All Stars Band. La formación liderada por los Red House Jeff Spinoza y Francisco Simón desplegó un repertorio clásico por el que fueron desfilando innumerables invitados al tiempo que el público disfrutaba de improvisados line dancings en el campo de fútbol ‘Las Delicias’. El enclave riazano volvió a convertirse en el punto de encuentro de los amantes del country patrio y en sus instalaciones no faltaron diversas propuestas gastronómicas y lúdicas dirigidas a toda la familia.

La tarde continuó igualmente animada gracias a la presencia del polifacético Chuck Mead y sus Grassy Knoll Boys. Este revitalizador del estilo irrumpió en Riaza como una auténtica locomotora a la que casi resultaba imposible seguirle el ritmo. La noche prometía, pero la psicodelia de The Long Ryders no cuajó entre los presentes que vieron como el repertorio se tornaba pantanoso y denso en exceso. Tras el paso de Sid Griffin, Stephen McCarthy, Tom Stevens y Greg Sowders por Riaza, el fin de fiesta llegó de la mano de Hayes Carll, que presentó en exclusiva en nuestro país su último trabajo, el aclamado por la crítica ‘What It Is’.

Setlist Quique González y Los detectives

Se estrechan en el corazón.

Fiesta de la luna llena.

La fábrica.

Sangre en el marcador.

Caminando en círculos.

Pájaros mojados.

Orquídeas.

Kamikazes enamorados.

Pequeño Rock & Roll.

Miss Camiseta Mojada.

Te lo dije.

Tenía que decírtelo.

La luna debajo del brazo.

Avería y redención.

Dallas Memphis.

Salitre.

Y los conserjes de noche.

Vidas cruzadas.

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