And Then We Danced (Da cven vicekvet)

And Then We Danced (Da cven vicekvet)
★★★★☆

Brillante juego de espejos repleto de sugerentes metáforas, And Then We Danced narra el particular despertar sexual del joven Merab, quien a su vez ejerce de epítome de la nueva generación georgiana, alejada de tradiciones y caducos convencionalismos. El realizador y guionista sueco Levan Akin lleva en esta su tercera incursión en la gran pantalla una historia que en virtud de sus múltiples capas logra ser al tiempo cine social y retrato generacional con el trasfondo del mundo de la danza. El triángulo (no solo) amoroso que forman el prometedor bailarín junto a Mary, su pareja desde la infancia, y el recién llegado Irakli es la excusa argumental que nos permite conocer de cerca la vida en Tiflis, la capital georgiana, de la disfuncional familia de Merab (Levan Gelbakhiani). A través de las relaciones familiares asistimos al resquebrajamiento de las tradiciones ancestrales, simbolizadas de forma muy acertada en el baile en sus múltiples expresiones corporales, y el florecer de una nueva sociedad, permeable a las influencias europeas y ansiosa por echar raíces lejos del callejón sin salida en que transcurre su existencia.

La llegada de Irakli es el detonante de todo esto, pero no debemos perder de vista a David, el hermano de Merab y su reflejo más cercano del futuro que le espera si no da el paso. A lo largo del filme todo son señales que empujan a Merab a poner su vida patas arriba. La más evidente es la constante referencia al clásico de Miyazaki, El viaje de Chihiro, pero también lo son los espejos, las sombras chinescas y la lúbrica relación entre la cruz que cuelga del cuello de Merab y el pendiente que adorna la oreja izquierda de Irakli. Del mismo modo, la música juega un papel decisivo en esta suerte de matrioska cinematrográfica, con la alternancia en el score de las melodías tradicionales georgianas y el efervescente pop sueco primero de ABBA, dando incluso título al filme, y después de Robyn, con Honey ejerciendo de banda sonora de la celebración sexual del nuevo Merab. Infinidad de matices perlan la película, pero quizá sean dos momentos claves, en sendas celebraciones de muy distinto signo, los que desde el punto de vista exclusivamente cinematográfico certifican las intenciones de Levan Akin: por un lado, el accidentado trávelin que recorre uno a uno todos los asistentes a una reunión familiar y, por otro, el plano secuencia que acompaña a nuestro protagonista en el transcurso de otra de muy distinto cariz casi al término del filme. Película valiente, con un notable Levan Gelbakhiani, bailarín clásico que hace aquí su debut cinematográfico, y con posibilidades ciertas de alzarse con más de un galardón dentro de esta 64 Seminci, And Then We Danced fue recibida con tímidos aplausos al término de su proyección matinal en el Teatro Calderón.

★★★★☆

Dividido en cinco actos y con una original premisa que triunfa a la hora de certificar nuestra minúscula existencia, Movimientos, el cortometraje del surcoreano Dahee Jeong consigue condensar en diez minutos multitud de ideas y puntos de vista que discurren en paralelo ante los ojos del espectador. En ese lapso de tiempo, el baobab africano crece 0,008 mm, un galgo es capaz de recorrer 12 kilómetros al sprint y la Tierra se desplaza 18.000 kilómetros alrededor del Sol. El cineasta surcoreano reconoce que dibujó este corto a la velocidad de dos segundos de animación al día para reflejar, con muchas dosis de humor e ironía, nuestra atribulada existencia. El cortometraje se proyectó antes del filme sueco-georgiano y fue recibido con sueño e indiferencia por el público asistente.

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