Eco (Bergmál)

Echo
★★★★★

Rara avis dentro del prolífico catálogo del nuevo cine islandés, Eco (Bergmál) supone el cuarto largometraje del inquieto cineasta Rúnar Rúnarsson y sin lugar a dudas es su obra más inclasificable. Genial caleidoscopio que destila ingentes cantidades de ironía nórdica, la película opta por romper la estructura narrativa tradicional para incomodar al espectador al tiempo que escudriña nuestras vidas mostrándonoslas de manera aséptica. Cual Ismael erigido en indetectable narrador del periplo existencial de cientos de miles de capitanes Ahab en pos de una gigantesca ballena invisible, Rúnarsson alcanza insospechadas cotas de poesía fílmica con sus —en ocasiones, molestos— planos fijos que radiografían tanto a la sociedad islandesa como logran conectar con (tras)asuntos universales. Cinta nada complaciente con el espectador medio, su visionado resulta gratamente sorprendente y placentero si se logra entrar en el particular microuniverso narrativo que plantea Rúnarsson.

Ajeno a pomposidades y manierismos, el cineasta islandés elige desnudar su propuesta en esta foto fija del desquiciado mundo en que vivimos. Y lo hace amparado en el ciclo vital que suponen las celebraciones navideñas a través de cerca de sesenta miradas independientes, pero complementarias, que simbolizan esta hoguera de las vanidades a la que llamamos vida. Apenas nada escapa a la inteligente apuesta del cineasta, que es capaz de llegar al hueso de incontables asuntos que marcan nuestra existencia, sin dejarnos nunca indiferentes y huyendo de cualquier intención moralizante. El uso minimalista de la música es otro de los aciertos de una película dotada de una devastadora belleza gracias a la simplicidad de su original planteamiento. Aplausos al término de su proyección en el teatro Calderón del pase de prensa de la segunda jornada de esta 64 edición de la Seminci vallisoletana.

★☆☆☆☆

Previamente se proyectó el cortometraje De noche, todos los gatos son pardos (Nachts sind alle Katzen grau), del joven cineasta suizo Lasse Linder. improbable triángulo amoroso felino entre Christian y sus dos gatas: Mermelada y Katjuscha, que provocó más de una risa nerviosa en el patio de butacas e indiferencia al término de la proyección.

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