Un gato en la pared (Cat In The Wall)

Un gato en la pared
★★☆☆☆

Entre el documental descarnado y el feísmo cinematográfico nos llega Un gato en la pared, la primera película de ficción —basada en hechos reales— del tándem que integran las realizadoras búlgaras Vesela Kazakova y Mina Mileva. Historia deslavazada y rutinaria acerca de Irina, una inmigrante búlgara expatriada al Londres pre-Brexit que pugna por hacer realidad su sueño de ejercer como arquitecta en su país de acogida mientras sobrevive trabajando de camarera junto a su hermano (historiador) desempleado y su hijo. Sin entrar a valorar la verosimilitud de las premisas de partida de la historia que aquí se nos narra, sus mayores handicaps son el qué y el cómo. Al manido relato no le acompaña ni la manera en que se ha rodado ni el ritmo cansino de un guion con el que las directoras tratan de abarcar tanto que terminan por quedarse a medias de todo. No funciona la crítica social, ni política, tampoco la temática atrapa al espectador, más allá de la excusa argumental que da título al filme y que pretende asimismo ejercer de burda metáfora de la situación de Irina y los suyos en un país hostil en un momento histórico en el que asuntos como la inmigración, la precariedad laboral y la gentrificación se suman a los problemas inherentes de cualquier colectivo de expatriados que abandona su país a la fuerza.

Sin embargo todo esto, con otros mimbres y en otros periodos históricos pretéritos ya nos lo han contado —y mucho mejor— cineastas como Ken Loach. Referente omnipresente casi desde los primeros planos de este intento de denuncia social que termina dejando un regusto muy pobre en paladares tan acostumbrados como los vallisoletanos a saborear el cine de Loach desde los primeros 90. La película fue recibida con tímidos aplausos por un exiguo sector del público asistente al pase de prensa con el que se cerró la programación de la Sección Oficial en la segunda jornada de la 64 edición de la Seminci.

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