Adam

★★★★☆

Pictórico drama marroquí que retrata a la perfección la sororidad en el mundo árabe, Adam es una historia de amistad pausada, horneada a fuego lento, escrita y dirigida con maestría por la cineasta novel Maryam Touzani. Precisamente gracias a esa forma reposada de acercarse a sus personajes protagonistas: Samia (Nisrine Erradi) y Abla (Lubna Azabal), Touzani alcanza altas cotas de intimidad con el espectador, lo que le permite no dispersarse con los habituales asuntos que tiende a abordar este tipo de cine y sí centrarse de una forma muy acertada en la evolución de ambas figuras femeninas. Mujeres que comparten mucho más de lo que en un principio podríamos imaginar y a las que en los primeros instantes del filme la cámara recoge de espaldas y, a medida que se crea ese vínculo invisible entre ellas dos —tres, junto a la pequeña Warda (Douae Belkhaouda)— y el espectador, la lente las recorre casi de manera epidérmica.

A través de esta complicidad que se establece entre las mujeres y a su atrevida decisión de colocar la cámara a escasos centímetros de sus actrices, Touzani consigue algo tan difícil como conectar con el público de manera muy profunda sin necesidad de largos parlamentos. Muy al contrario, la cineasta marroquí deja que sea la cámara la que pose su mirada sobre ademanes, mohínes o gestos imperceptibles, que terminan de definir a sus protagonistas. Del mismo modo, la cocina como elemento vertebrador de la vida doméstica, se convierte aquí en una magnífica metáfora de la maternidad y todo lo que ella comporta. Historia de perdedoras que se resisten a tirar la toalla, vida y muerte unen los destinos de Abla y Samira a resguardo del barullo de las calles de Casablanca, pero sin perder de vista (una ventana, una azotea) ese otro ‘mundo exterior’ que las rodea y en el que el reto está en saber desenvolverse por sí solas. El gran mérito del filme está no solo en su capacidad de sugerir y en su carácter de relato repleto de aristas narrativas, sino en huir del discurso gastado y efectista.

La apuesta de Touzani por mostrarnos los vericuetos de esta historia real, que ella misma vivió, triunfa en gran medida gracias al acertadísimo casting. Las tres actrices protagonistas están espléndidas, incluida la pequeña Douae Belkhaouda, capaz de comerse la pantalla en cada plano. La fotografía de Virginie Surdej es otra de las grandes bazas de un filme rodado con una madurez impropia de una debutante y que recurre a referentes pictóricos como Caravaggio y Vermeer para acentuar el dramatismo contenido de las secuencias intramuros de una película que fue recibida con aplausos por el público asistente al pase de prensa de mediodía en el teatro Calderón, dentro de la Sección Oficial de la 64 edición de la Semana Internacional de Cine, de Valladolid (Seminci).

A %d blogueros les gusta esto: