Parásitos

Parásitos
★★★★☆

Ya desde su arranque, Parásitos nos muestra al Bong Joon-ho más político y cáustico. Como si se tratara del negativo actualizado por el devastador prisma del capitalismo de Hierro 3, el clásico surcoreano que firmó su compatriota Kim Ki-Duk hace 15 años, nos encontramos ante una película capaz de atrapar al espectador por su discurso universal repleto de humor inteligente y constantes andanadas de crítica social. Rodada con un ritmo prodigioso que convierte su primera mitad en una montaña rusa de sorpresas, que se alternan con bofetadas al consumismo exacerbado. El eterno conflicto que alimenta la lucha de clases late en las entrañas de una cinta capaz de sorprender aun más en un segundo visionado. Conviene, eso sí, acudir a las salas lo más desprevenido posible ante lo que vamos a presenciar a lo largo de 132 gozosos minutos. Porque Joon-ho disfruta sacudiendo al espectador a cada revelación, con cada recoveco y giro de un guion —firmado a seis manos por el propio realizador junto a Kim Dae-hwan y Jin Won Han— que engrana a la perfección dentro de un discurso nada moralista, pero muy revelador. Aquí estriba el mayor mérito de una historia familiar que se gesta en un ámbito eminentemente local, pero a la que la fuerza de su mensaje la convierte en universal. Perfecto reflejo de la deriva a la que nos aboca esta obsesión por acumular en lo material mientras descuidamos lo esencial, Parásitos está infestada de metáforas anticipadas por sus propios personajes. Señales luminosas que centellean ante los ojos de los inadvertidos espectadores incapaces de concatenar una referencia tras otra. Hasta el momento en el que todo encaja, la venda cae y nos ruborizamos ante nuestro reflejo en el espejo fílmico. Destaca la efectiva realización, un acierto tras otro a la hora de elegir los movimientos de cámara, la presentación de personajes, los cambios de intensidad y el tono (de lo burlesco a lo trágico) a partir de los diferentes encuadres sin caer nunca en lo artificioso o pomposo. Joon-ho sabe en todo momento por dónde quiere que discurra su película y cómo superar el mensaje meramente político hasta rozar lo poético. Pese a ser devastador.

Dotada de un ritmo prodigioso durante sus dos primeros actos, la cinta se ve beneficiada de un elenco coral sobresaliente, junto a la excelente fotografía de Kyung-Pyo Hong, colaborador habitual del director. La película es uno de los grandes éxitos cinematográficos llegados de Asia en 2019 y es la máxima candidata al Óscar a la Mejor Película de habla no inglesa, con el permiso de Almodóvar.

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