Puñales por la espalda (Knives Out)

Puñales por la espalda
★★★★★

Inteligentísima reformulación del género whodunit de la mano del sobresaliente Rian Johnson, Puñales por la espalda (Knives Out) es una absoluta delicia para los amantes del buen cine. Provista de un ritmo frenético a lo largo de sus 130 minutos, la cinta es un prodigio narrativo —y de montaje— que logra mantener la atención del espectador ya desde su arranque y consigue algo tan complicado como que nadie se pierda en la maraña de —pertinentes— subtramas que tejen esta historia familiar. Plagada de reventes homenajes, Puñales por la espalda conjuga a la perfección la esencia de las novelas clásicas de crimen y misterio de Agatha Christie con sagas más recientes de autores como Harlan Coben, pero también a otros referentes cinematográficos como el Hercule Poirot que encarnó en la gran pantalla Peter Ustinov o los televisivos teniente Colombo, del recordado Peter Falk, y la Jessica Fletcher que popularizó Angela Lansbury en Se ha escrito un crimen. Todo esto, enjaezado gracias a un soberbio guion del propio Johnson en el que no deja títere con cabeza: del Trumpismo a los trolls e influencers, la inmigración, el racismo, los privilegios de la clase alta, los niños de papá, los peligros de la longevidad y, sobre todos estos tópicos, la figura del detective Benoit Blanc (Daniel Craig). Absoluto protagonista de la función con el permiso de la actriz cubana Ana de Armas, en el papel que acaba de encumbrar su carrera en Hollywood.

Recubierta de ese aire teatral que por momentos evoca ese inolvidable duelo interpretativo que Mankiewicz dirigió en La huella, la historia familiar de los Thrombey también es la de la Norteamérica reciente. Haciendo gala de su habitual mordacidad, Johnson es capaz de simbolizar varios de los pecados capitales que nos aquejan como sociedad en los rostros de Jamie Lee Curtis, Don Johnson, Chris Evans, Toni Collette, Michael Shannon, Katherine Langford y Jaeden Martell. Todos ellos (in)dignos herederos del patriarca, Harlan Thrombey (Christopher Plummer), un reputado escritor de novelas de misterio fallecido en extrañas circunstancias la noche de su 85 cumpleaños. Con esta premisa, Rian Johnson construye un maquiavélico rompecabezas que discurre en la mayor parte del metraje en el interior de la mansión familiar de los Thrombey y que está repleto de referencias, pistas (también falsas), homenajes e incluso alguna que otra premonición en la que el espectador no caerá hasta que ya sea irremediablemente tarde. Conviene dejarse llevar y disfrutar de las inspiradas interpretaciones de un elenco que no disimula que se lo debió de pasar en grande a lo largo de las ocho semanas de rodaje con las que Johnson plasmó en imágenes un proyecto que llevaba acariciando casi una década. Su puesta al día es asombrosa, con brillantes alusiones a asuntos de relevancia para la sociedad norteamericana y una inesperada reina de la función: Marta Cabrera (Ana de Armas). Un personaje con el que el espectador empatizará a las primeras de cambio y con un peculiar síntoma que ejerce de celebrado Macguffin a lo largo de todo el metraje.

Rodada con la maestría que le caracteriza, Johnson vuelve a apoyarse en sus fieles colaboradores para otorgar un aspecto de relumbrón al resultado final. Tanto la fotografía de Steve Yedlin como la banda sonora de su primo, Nathan Johnson, rayan a gran altura. También resultan un tremendo acierto tanto la dirección artística como el vestuario, elementos estos que contribuyen a engrandecer el conjunto sin ejercer de distracción, sino de complemento, en ocasiones necesario, para una historia repleta de matices que no solo juega su baza apoyándose en la eficacia de un guion redondo, sino que logra ser política, incisiva y cáustica. Una combinación mucho más mortífera que cualquiera de los puñales que le dan título, O casi…

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