El faro (The Lighthouse)

The Lighthouse
★★★★☆

Muy al contrario de lo que podría suponerse para un recién llegado, el cineasta norteamericano Robert Eggers sigue dispuesto a remover los cimientos del cine de terror psicológico al uso y para ello ha optado por no repetir fórmula tras su exitoso debut: La bruja. Si en aquella, el mal en su forma más rudimentaria polarizaba la narración, en esta ocasión con El faro el relato se vuelve mucho más críptico y elaborado tanto en la forma como en el fondo. Rodada en un impecable blanco y negro —Jarin Blaschke repite como director de fotografía— y con evidentes reminiscencias del expresionismo alemán, la película se nos presenta en un incómodo formato 1:1 que acentúa su dramatismo y para el que Eggers vuelve a optar por el ritmo pausado y desconcertante. Con una crudeza casi documental, el primer tercio del filme recorre la metódica y aburrida vida de los dos (¿?) únicos habitantes del islote de Nueva Inglaterra donde se encuentra la fálica y deslumbrante estructura que le da título. Esos dos hombres, Thomas Wake (Willem Dafoe) y Ephraim Winslow (Robert Pattinson) se enfrentan en un duelo interpretativo y psicológico a través del que el espectador deberá averiguar no pocas claves para entender esta historia de terror moderno repleta de referencias literarias, supersticiones y mitología. Narrada en espiral, como la escalera que conduce al perturbador destello que ejerce de guía, la película posee una atmósfera densa y pastosa. Al mismo tiempo, las interpretaciones de la pareja protagonista acentúan dicho ambiente malsano llegando a resultar visual y verbalmente desagradables. Obviamente, nada de esto es casual ya que el intrincado guion que firman los hermanos Robert y Max Eggers encierra un buen puñado de sorpresas amparándose en todos los elementos y la iconografía descrita.

Conviene dejarse llevar —abandonarse a la locura— por el sentido macabro que rodea hasta la extenuación a este islote y sus gaviotas si se quiere descifrar el enigma. Eggers, como ya demostrase en su debut, nos recuerda que la paciencia es una virtud y certifica de nuevo que sabe cerrar sus películas de manera impecable. Ese pictórico plano final que trasciende lo alegórico y desnuda los más bajos instintos de la masculinidad primitiva logra impregnarse en nuestro interior y calarnos hasta el tuétano. Excelentes actuaciones tanto de un valor seguro como Dafoe y del no siempre tan acertado Robert Pattinson, quien gracias a su desquiciado Prometeo consigue firmar el mejor y más completo papel de su carrera hasta la fecha. A destacar también la acertada partitura de Mark Korven, que parece haberse especializado en scores de terror y aquí lo convierte en un protagonista más de una película tan espartana en su propuesta como esquinada a la hora de desentrañar sus múltiples significados.

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