Diamantes en bruto (Uncut Gems)

Uncut Gems
★★★★☆

El espíritu urbano y descarnado que puebla el cine setentero de Martin Scorsese sobrevuela esta nueva incursión de los hermanos Safdie en la gran pantalla en una nueva reformulación de las desventuras de uno de tantos buscavidas que habitan la Gran Manzana. Mucho mejor narrada e interpretada que su anterior película, la decepcionante Good Time, Diamantes en bruto repite fórmula —la del tour de force actoral— aunque en esta ocasión el resultado final es bastante más satisfactorio. Fieles a ese estilo sucio que transmite incomodidad casi en cada plano, Josh y Bennie Safdie cuentan en esta ocasión para su apuesta ganadora con una auténtica joya en su elenco: la interpretación que nos regala Adam Sandler como el repulsivo joyero Howard Ratner al que somos incapaces de odiar pese a su empeño constante.En Uncut Gems está todo el cine anterior de los Safdie, con su galería de inadaptados, la cámara nerviosa, esa música machacona y la constante sensación de que el fin último de su propuesta fílmica es impresionar al espectador. Sin embargo, esta vez funciona.

Quizá sea ‘culpa’ de un soberbio Sandler, o quizá de un enjaezado guion en el que todo encaja en una suerte de alegoría alcaloide saturada de sintetizadores ochenteros. Sea como fuere, tanto la rocambolesca historia —narrada en un clímax continuo, como si de un partido de baloncesto se tratara— al igual que la ilustre galería de secundarios y estrellas que se interpretan a sí mismas en este excesivo retrato del Distrito del Diamante, de Manhattan consiguen, pese a lo enrevesado de su planteamiento, que nos enganchemos como unos yonkis más. Un ‘gueto’ tan inaccesible como subyugante (de ópalos a furbies dorados) que les sirve a la pareja de hermanos directores para dar rienda suelta a sus excesos (no solo) fílmicos. Sandler se mueve como pez en el agua en esta desenfrenada huída hacia adelante que es capaz de engarzar argumentalmente la explotación laboral en el Tercer Mundo con el capitalismo más descarnado y tiene en su ludopatía galopante el epítome perfecto.

La pulsión inabarcable que exudaba el primer Scorsese pugna por hacerse hueco entre tanta referencia cruzada (Kevin Garnett, The Weeknd) aunque la sensación de incomodidad constante nunca nos abandone a lo largo de sus dos horas y cuarto de metraje. Vibrante fotografía, a cargo del magnífico Darius Khondji (Seven, Delicatessen), que transmite a la perfección toda la urgencia y la marginalidad que sus creadores tratan de insuflar constantemente a sus obras y acertadísima banda sonora a cargo del músico y productor Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never), quien repite colaboración con los Safdie tras firmar el score de Good Time.

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