Nomadland

Nomadland
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El retrato de los olvidados es también el acta de defunción de la generación de los baby boomers. Los nacidos en Estados Unidos tras la explosión de natalidad posterior a la Segunda Guerra Mundial padecieron hace una década el cruel ninguneo al que les sometió el capitalismo extremo. Vidas perdidas simbolizadas en la desaparición de ciudades enteras, junto a sus habitantes, como el caso de Empire, la localidad de Nevada en la que arranca la tercera —y hasta la fecha, mejor— película de la interesante realizadora Chloé Zhao. Protagonizada por una Frances McDormand (Fern) en verdadero estado de gracia, la que en principio parece una road movie convencional ambientada en el medioeste norteamericano pronto deja paso a un relato sobre la pérdida y la necesidad de cerrar el duelo para seguir avanzando, que utiliza como pretexto argumental —e inmejorable metáfora— el estilo de vida nómada adoptado en los últimos años por multitud de estadounidenses. Junto a la descripción de este (para muchos) sorprendente modo de vida, el espectador irá descubriendo la peripecia personal de Fern. Qué circunstancias la llevaron a almacenar su vida anterior en un guardamuebles y convertir su furgoneta en su nuevo hogar.

Basada en la novela Nomadland: Surviving America in the Twenty-First Century, en la que la escritora Jessica Bruder retrata su experiencia personal a lo largo de tres años viviendo en una caravana, Zhao escribe una película que sirve de testimonio y radiografía de una subcultura creada alrededor de la vida nómada. Como ya ocurría en sus dos filmes anteriores, la realizadora chino-americana sitúa al espectador ante no pocas encrucijadas éticas a lo largo del metraje, lo que le permite ahondar en la crisis de valores de la sociedad moderna, la búsqueda de la identidad y los estragos que causa en nuestras vidas la necesidad de consumir a todas horas. Del mismo modo, el filme cuestiona si estos nómadas modernos abrazan este modo de vida alternativo por iniciativa propia o lo hacen a la desesperada, tras habérseles arrebatado su vida anterior. Desde un planteamiento sosegado, inteligente y muy maduro, la película nos muestra una amplia galería de personajes (la mayoría de ellos, actores no profesionales) a través de cuyas pequeñas historias se nos dibuja un mapa ignoto y poliédrico.

Una carretera sin destino conocido por la que transitan otros nómadas como Fern, hasta convertir su modo de supervivencia en un nexo de unión fortalecido por los reveses de la vida itinerante. Esta otra familia, simbolizada por las experiencias vitales de Dave (David Strathairn), Linda May, Swankie o el propio Bob Wells, quien desde hace años organiza una reunión anual de nómadas en Arizona, terminarán por descubrirnos de dónde venía Fern y quizá vislumbrar hacia dónde se dirige en ésta su nueva vida. Todo ello en un relato crudo y realista, no exento de dolor y al mismo tiempo embellecido por las composiciones al piano de Ludovico Einaudi que puntean su banda sonora o la fastuosa fotografía de Joshua James Richards. Poético relato circular en el que la vitalidad más contagiosa convive con la angustia existencial y todo ello cabe en la dolorosa melancolía que desprende la luminosa mirada de una actriz mayúscula, como Frances McDormand, capaz de engrandecer aún más este arriesgado y nada convencional proyecto.

Puntuación: 5 de 5.

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