Jinetes de la justicia

Jinetes de la justicia
★★★★☆

Inclasificable y transgresora. Así es la última delicia del cine danés que llega a nuestras pantallas, quizá espoleada por el merecido Oscar a Otra ronda (Druk) y el incuestionable gancho para la taquilla que supone tener como protagonista a Mads Mikkelsen. Aunque no conviene llevarse a engaño en este caso, ya que Jinetes de la justicia es casi una película coral. Armada con un guion a prueba de bombas —y repleto de evidentes referencias a la sincronicidad Junguiana— esta corrosiva historia de outsiders, una suerte de Goonies adultos, posee la rara cualidad de saber reírse de sí misma casi desde el propio inicio del filme. Para ello, el cineasta Anders Thomas Jensen, autor asimismo de la obra teatral que adapta a la gran pantalla, se apoya en la nómina habitual de actores con los que ha venido trabajando a lo largo de los últimos 20 años. Al ya citado Mikkelsen debemos añadir a Nikolaj Lie Kaas, Gustav Lindh y Nicolas Bro. Un elenco capaz de sostener el tono de una cinta que alterna entre el drama, la comedia gamberra, el cine de acción y la crítica social. Todo ello regado con la habitual dosis de surrealismo que Jensen imprime a sus filmes, siempre apostando por personajes peculiares con los que el espectador acaba, aunque no quiera, por encariñarse.

Sin ánimo de destripar una trama bastante disfrutable, la película se sustenta en determinados elementos de la teoría del caos para componer un retrato del duelo, la pérdida y la necesidad de sanación. En el camino, Jensen no duda en arremeter contra los gurús del mindfulness, la meditación, las terapias alternativas y la tiranía de las redes sociales. El cuarteto de inadaptados que integran Markus, Otto, Lennart y Emmenthaler también le sirve para abordar problemas ya consustanciales de las sociedades modernas como el aislamiento social y las enfermedades mentales. Las relaciones paterno-filiales también centran una parte importante de la película y aquí es donde entra en juego contar con un actor como Mads Mikkelsen, capaz de hacer creíble prácticamente cualquier papel que se le ponga por delante.

La economía de gestos y la contención emotiva con que aborda su composición de Markus es crucial para mantener el equilibrio narrativo que plantea Jensen y no caer en el esperpento. Además, de la pericia de su interpretación depende en gran medida que funcione como lo hace el tercio final del film, rodado con una impecable y estilizada fotografía que acentúa todavía más el dramatismo de lo que en ella se narra. Lo sorprendente es la forma en que se cuenta todo ello. Primero desde una aproximación casi académica para derivar en una comedia negra salpicada de violencia con unas sutiles pinceladas de poesía visual. En mitad de todo ello también nos topamos con un feroz y acertado retrato de las lacras del consumismo, el tráfico de seres humanos, la cosificación, la banalización de las relaciones personales; y así, un largo etcétera de asuntos muy bien engarzados dentro de una historia en la que nada de lo que en ella se muestra sucede por casualidad. O tal vez sí… Del mismo modo que quizá estemos ante la película que sirva para descubrir a Anders Thomas Jensen ante el gran público, quién sabe. Lo que sí podemos vaticinar es que esta Jinetes de la justicia es una digna aspirante a convertirse en el sleeper del verano por méritos propios.

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