Culpable (The Guilty)

The Guilty
★★☆☆☆

Poco inspirado remake de la cinta homónima de 2018 a cargo del tándem Jake Gyllenhaal-Antoine Fuqua, quienes repiten colaboración tras la irregular Southpaw. Todo lo que en su predecesora danesa funcionaba, aquí o bien ha desaparecido o está dulcificado ad nauseam. Ni rastro de la atmósfera claustrofóbica que envolvía y potenciaba la trama argumental, repleta de vericuetos y tramposos giros. El guion del otrora alabado Nic Pizzolatto (True Detective, Galveston) huele más a trabajo puramente alimenticio y traiciona la ambivalencia primigenia y esa atmósfera pantanosa que uno podría esperar del escritor. de Luisiana. Del mismo modo sucede con la afectada interpretación de Gyllenhaal (Joe Baylor). Abundante repertorio de tics, sabedor de que la cámara se recreará en primerísimos primeros planos. Aunque el mayor sinsentido de esta innecesaria reformulación sensiblera de la (no tan) original nórdica está en abusar de pantallas y compañeros de centralita, que ni aportan nada a la evolución del personaje principal, ni engrandecen una historia poliédrica, que ahora ha quedado reducida a un ejercicio actoral en busca de premios. Su mayor defecto está en su carencia de ambición. Argumental, interpretativa, cinematográfica…

Dentro de lo poco salvable de este entretenimiento de la factoría Netflix está la interpretación vocal de Riley Keough (Emily). Conseguir hacernos ‘ver’ toda la peripecia vital por la que atraviesa su personaje es una verdadera delicia. También es muy apreciable la fotografía de Maz Makhani, que imprime una poderosa factura visual a esta nadería por la que también desfilan (sin mucho sentido argumental) las voces de Peter Sarsgaard, Ethan Hawke, Paul Dano y Da’Vine Joy Randolph.

Película que quizá logre sorprender a quienes nada hayan oído hablar de la original danesa o sólo busquen un entretenimiento pasajero. Resulta cada vez menos sorprendente —y más desesperante— que la industria estadounidense se niegue a apostar por historias inéditas y recurra constantemente a la reformulación de contenidos preexistentes. Una negativa a asumir riesgos que quizá acabe modificando los hábitos de consumo de un público que cada vez recurre con mayor asiduidad a nuevos formatos audiovisuales que presentan contenidos frescos en consonancia a la urgencia que parece habernos mediatizado durante y tras la pandemia.

Puntuación: 2 de 5.

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