Dune (Primera Parte)

Dune (Part I)
★★★★★

Asumir el reto de poner en imágenes el viaje iniciático del joven Paul Atreides parecía una empresa maldita en la que quien osaba embarcarse naufragaba indefectiblemente en un mar de melange. Un reto tan solo al alcance de quien pudiera compartir, en más de un sentido, la visión del joven heredero de la Casa Atreides surgida de la lisérgica pluma de Frank Herbert. ¿Quién sería el elegido? Jodorowsky y Lynch lo intentaron, con desigual fortuna, y a partir de entonces comenzó a cobrar fuerza la idea de que la saga intergaláctica nunca contaría con una adaptación digna a la gran pantalla. Hasta ahora. El dignísimo doble linaje cinematográfico que suponen La llegada y Blade Runner 2049 catapultaron al cineasta canadiense Denis Villeneuve a encargarse del proyecto más ambicioso de Warner Bros. de cara al próximo lustro sin el más mínimo atisbo de miedo por su parte (el miedo mata a la mente). ¿El resultado final? Apabullante, en más de un sentido. Tanto, que quien suscribe tuvo que ver (disfrutar) la película no una, sino dos veces, para asimilar por completo todo cuanto en ella sucede a lo largo de 155 minutos.

Dune (Primera Parte) no se parece a nada que se haya proyectado antes en una sala de cine. Villeneuve logra, con una clase y una elegancia superlativas, trasladar al espectador a un universo en el que la fuerza de las imágenes logra por momentos eclipsar el material literario que lo sustenta. Y bien es cierto que si algo se le puede achacar a esta primera parte de la saga es que para los más fervientes seguidores de la obra de Herbert en un primer visionado, la película puede parecer tan solo una mera presentación de personajes. Nada más lejos de la realidad. Una vez superado el Stendhalazo inicial solo cabe alabar la inteligente y arriesgada propuesta de hacer que el espectador vea y sienta como el joven Paul, que comparta su visión —de nuevo en más de un sentido— hasta el punto de hacerse partícipe de su deriva existencial en la que pasará de niño a hombre tanto ante nuestros ojos como ante los de sus referentes cercanos, simbolizado todo ello en la relación que mantiene con su mentor, Duncan Idaho (Jason Momoa). Todo ello, fruto del cúmulo de acontecimientos que debe afrontar en un periodo relativamente corto de tiempo. El tiempo. Otro elemento decisivo en la película de Villeneuve, que —como ya hiciera en La llegada— es capaz de moldear y transformar para que sirva a sus propósitos argumentales, apoyado en un montaje excelso. No hay un solo elemento dentro de esta película que no bordee la excelencia. La dirección de fotografía de Greig Fraser, la banda sonora de Hans Zimmer, la dirección artística, el vestuario, los decorados… Todo. 

Es tal la abundancia de estímulos sensoriales para el espectador que Dune resulta en sí misma un viaje alucinógeno que habría hecho las delicias del propio Frank Herbert. Pero hablemos de la maestría de Villeneuve y su dupla de guionistas para convertir este viaje iniciático en una experiencia extrasensorial para el espectador. Pese a lo intrincada de la trama argumental de una novela de ciencia ficción con elementos de intrigas palaciegas, traiciones políticas, guerras intestinas y fes ciegas a las que trata de sobreponerse un mensaje antibelicista (y ecologista) con elementos mesiánicos, la película se puede disfrutar sin haber abierto jamás uno solo de sus libros. El mérito de Jon Spaihts, Eric Roth y el propio realizador estriba en haber sido capaces de exprimir al máximo el lenguaje cinematográfico y recurrir a los diálogos como elementos que encauzan una trama poliédrica y juegan con los múltiples significados de las visiones que atormentan al Lisan Al-Gaib y en último instante provocarán que el Kwisatz Haderach se yerga y abrace su destino.

Arriesgada, pero exitosa, apuesta la de contar con Timothée Chalamet como protagonista absoluto de esta primera incursión en Arrakis a quien acompaña un reparto de campanillas donde destacan dos mujeres por sus poderosas interpretaciones: Rebecca Ferguson (Lady Jessica) y Sharon Duncan-Brewster (Liet Kynes). Esta última en un papel que difiere bastante de la novela original, pero que sirve a la perfección para los motivos argumentales de esta primera entrega. Por el elenco también desfilan habituales del realizador canadiense como Josh Brolin (Gurney Halleck), Dave Bautista (Rabban Harkkonen) y David Dastmalchian (Piter de Vries) y se cuela en un breve, pero decisivo cameo, el poeta y compositor londinense Benjamin Clémentine. Los cimientos están puestos para que la película cuente con segunda parte, si es que el público que acude a las salas de cine así lo certifica. Ojalá. Esto es solo el principio.

Puntuación: 5 de 5.

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