The Beatles: Get Back

The Beatles: Get Back
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El cineasta neozelandés Peter Jackson aceptó el encargo de bucear en las más de 60 horas de metraje inédito y las 150 de archivos de sonido existentes en este exhaustivo trabajo de arqueología sonora y cinematográfica que gira en torno a las sesiones de grabación que The Beatles llevaron a cabo en enero de 1969 para diversos proyectos musicales inconclusos. Aunque en realidad, el documental dividido en tres partes que ha estrenado Disney+ sirve para certificar la defunción del cuarteto, evidenciando las disensiones internas. También contribuye a definir aún más las personalidades de los cuatro de Liverpool, mostrándonos a un Paul efervescente, mandón y manipulador; un Ringo pasota e infantil; un George hastiado y con la cabeza completamente fuera del grupo; y un John entregado tanto a la vorágine creativa de McCartney como a la absorbente presencia de Yoko. La experiencia inmersiva que supone para el espectador ‘compartir’ horas de ensayos con The Fab Four no tiene precio. La labor de edición y montaje es encomiable, del mismo modo que cabe suponer que la capacidad de negociación de Jackson a la hora de contentar a todas las partes implicadas asimismo ha debido de serlo.

Es evidente que la figura que se presenta de manera más expuesta es la de McCartney, pero también es bastante probable que aún hoy en día él siga encantado de verse ejercer de general con mando en plaza en todo ese caos personal y artístico que eran Los Beatles a principios del año 69. Pero más allá de las cuitas personales, donde este documental de casi ocho horas de duración alcanza la excelencia es a la hora de mostrarnos a las personas y no a los personajes que integraban el archiconocido cuarteto.

Y para ello, Jackson se vale del material previamente rodado por el cineasta Michael Lindsay-Hogg, quien hizo su debut tras las cámaras tres años antes precisamente rodando vídeos musicales para The Beatles. Lindsay-Hogg tuvo acceso ilimitado a todo cuanto sucedió tanto en las sesiones iniciales en los estudios cinematográficos de Twickenham como a las posteriores —más del gusto de la banda— en su cuartel general de Apple Records, por donde fueron pasando amigos, parejas y familiares. Hay tres presencias que se tornan definitivas (cada una de ellas en su contexto) para comprender la valía de este documental y esas son las de Yoko Ono, Linda Eastman y Billy Preston.

En el caso de este último, cuya presencia fue decisiva para impulsar el sonido del cuarteto en este último periodo de su carrera, es imposible no ser conscientes como espectadores de cómo cuando Preston está en el estudio se produce un cambio diametral de dinámicas entre los integrantes del grupo. Las discusiones absurdas y esas luchas de egos dejan paso al trabajo duro y la búsqueda de la perfección formal en las largas jam sessions improvisadas que en algunos casos cristalizaron en composiciones que acabaron formando parte de sus dos últimos álbumes: Abbey Road y Let It Be. Los casos de Linda y Yoko son bien distintos, pero igualmente ilustrativos de la jerarquía de John y Paul en la banda. Hasta el punto de que las opiniones (y presencias) de sus respectivas parejas eran casi más válidas que las del resto de integrantes. Estos detalles, junto con múltiples curiosidades que rodean las grabaciones y composiciones de los temas, harán sin duda las delicias de los seguidores más fieles de la banda. Para el resto de los espectadores nos brindan la posibilidad de comprender algo mejor los motivos que llevaron a la ruptura y el peso específico de cada integrante dentro de la dinámica del grupo.

Puntuación: 5 de 5.

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