Claroscuro (Passing)

★★★★☆

Resulta cada vez más complicado, ante la avalancha de títulos que se estrenan casi a diario, mantener un ritmo constante de visionado de contenidos audiovisuales. Dicho aluvión, en gran medida provocado por la acumulación de estrenos postergados por la pandemia, puede hacer que pasemos por alto títulos como el que ahora nos ocupa. El debut como directora y guionista de Rebecca Hall (Christine), actriz magnética donde las haya, es una sobresaliente carta de presentación por parte de la intérprete londinense, quien ha elegido un relato poliédrico repleto de subtextos. Claroscuro, ocurrente adaptación del original Passing, está basada en la novela homónima de la norteamericana Nella Larsen. Drama racial perlado de conflictos enquistados, interpretado con una exquisita sensibilidad por la pareja protagonista que integran Tessa Thompson (Reenie) y Ruth Negga (Clare), a la postre también productoras de la cinta, lo que refleja su implicación en el proyecto. Una película cuyo guion Hall tardó diez años en pulir y que contó con el impulso definitivo de Negga, empeñada desde hacía años en que alguien se atreviera a llevar la novela de Larsen a la gran pantalla.

Tanto ella como Thompson abordan sus complejos personajes desde prismas opuestos, jugando desde el inicio con una atmósfera malsana en la que todo se sugiere y muy poco se muestra. En la que nada sabemos de las verdaderas intenciones de nuestras protagonistas, amigas de juventud cuyos destinos discurren por caminos opuestos hasta que el azar las vuelve a juntar. Es este encuentro el que determinará cómo dicha relación se transforma y lo que sucede entre ambas y sus respectivas vidas cambia a medida que su contacto se estrecha de nuevo. La tensión racial imperante en los años 20 en EEUU (un siglo después poco ha cambiado) y los condicionantes sociales ligados al color de piel no sólo sirven para dar título a la obra, sino que ejercen de pertinaz recordatorio de una realidad incómoda a ojos del espectador ya desde el mismo inicio del filme. Una película que abre un abanico de interrogantes en su arranque y en la cual, a modo de matrioskas, las preguntas van dando lugar a otras muchas derivadas que nos obligan a mirar más allá de las pequeñas vidas que se nos muestran. Esa mirada macro contrasta con la inteligente propuesta de Hall a medida que el film avanza. Porque cuando más nos adentramos en las vidas de los Redfield, los Kendry y los Wentworth también la cámara se va centrando cada vez más en la agitada vida interior de Reenie, llegando incluso a convertirse en algo enfermizo.

La atmósfera onírica que por momentos impregna el filme es clara deudora tanto de la impactante fotografía en blanco y negro obra del barcelonés Edu Grau como del recurrente score del británico Devonte Hynes (Test Icicles). Notable puesta de largo de Rebecca Hall con una película que deja tras de sí una huella capaz de perdurar en nuestra memoria más allá del manto nevado que todo lo cubre hasta desaparecer.

Puntuación: 4 de 5.

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