The Quiet Girl

★★★★★

Delicado drama familiar con tintes de coming of age adolescente, pero que se adentra en asuntos mucho más sensibles que el despertar a la edad adulta de la joven que da título al filme. Película de silencios, en la que la mirada poética de su director y guionista, Colm Bairéad, consigue elevar a los altares de ese cine tejido por las emociones a través de una pequeña historia, que a medida que avanza el metraje y vamos descubriendo más y más sobre ella se torna inolvidable. Ambientada en la Irlanda rural de principios de los años 80, la película se apoya en una narración pausada y repleta de elocuentes silencios para ir contándonos la historia de Cáit (Catherine Clinch), su joven protagonista. Ya desde el plano inicial somos conscientes de que el director opta por embarcar al espectador en la historia a través de una mirada perturbadora y repleta de subjetividades. Sin explicitar muchas de las situaciones que se nos muestran, confiando en nuestra intuición y las propias vivencias, comenzamos a intuir cómo es la vida de esta niña silente.

Lo que en ningún momento vemos venir es que esta, en apariencia, pequeña aventura familiar encierre en su interior un estudio repleto de sensibilidad sobre el duelo y la necesidad de superarlo a través de afrontar experiencias catárticas. Tomando como base argumental una historia original de Claire Keegan, Bairéad realiza un pormenorizado estudio de las emociones humanas a través del trío de personajes protagonistas de esta inesperada narración repleta de logros a la que conviene acercarse como espectador ignorante de todo detalle. Ya se encarga su director a través de un acertado uso del color y los encuadres de ir reflejando los diferentes estados anímicos por los que atraviesan sus personajes. Ese viaje de la oscuridad a la luz que realiza la joven Cáit a lo largo del verano posee también claras referencias a la omnipresente religiosidad que ha condicionado durante siglos a la sociedad irlandesa. Son especialmente emotivos dos instantes magníficamente recogidos por Bairéad en el filme. Se trata de sendos ‘bautizos’ que vive Cáit a manos de cada uno de sus nuevos ‘dadores de vida’. Ambas secuencias, con la carga de simbolismo aparejada, también suponen un punto de inflexión en su relación con los señores Cinnsealach (Eibhlín y Seán) y todas las lecciones de vida que son capaces de transmitir a la joven Cáit.

Película repleta de matices y con un final perfecto, que recoge en un estremecedor plano toda ese cúmulo de emociones y vivencias soterradas que se han ido acumulando en la boca del estómago a lo largo de noventa minutos. A destacar las poderosas interpretaciones de todo el (reducido) elenco, sobre todo la magnética presencia de la joven debutante Catherine Clinch. También es de alabar el magnífico trabajo de la directora de fotografía Kate McCullough, conocida por la exitosa serie de televisión Normal People.

Puntuación: 5 de 5.

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