My Policeman

★★☆☆☆

Un quiero y no puedo. Eso es lo que me ha parecido My Policeman (Michael Grandage, 2022), la esperada película protagonizada por Harry Styles, Emma Corrin y David Dawson. La historia narra la relación entre Tom (Styles), un policía casado con Marion (Corrin), y Patrick (Dawson), conservador de un museo, en el Reino Unido de los años cincuenta, cuando la homosexualidad era ilegal. ¿Amor con personajes LGBT+? Por supuesto, el drama está servido, porque, cómo vamos a hacer que sean felices, claro… En fin. Para ello, la trama salta entre dos tiempos: la década de los cincuenta, cuando Tom, Marion y Patrick se conocen de jóvenes, y la década de los noventa, cuando los tres rondan los setenta años. En esta última época comienza la película, con un Patrick en silla de ruedas tras un ictus (interpretado por Rupert Everett), que llega a casa de Marion (Gina McKee) y Tom (Linus Roache) para ser cuidado por ella. A partir de ese momento, y a través de flashbacks, conocemos cómo empezó la relación de amistad y amor de los tres, qué pasó entre ellos y cómo han llegado (más o menos) a esa situación.

Contada así, la trama tiene su gancho, pero la realidad es que la película me ha dejado fría. Basada en la novela homónima de Bethan Roberts —que, a ver, tampoco me convenció demasiado—, mis esperanzas estaban puestas en la adaptación cinematográfica y, para qué mentir, en Harry Styles. Confieso que, si me he leído el libro y he visto la peli, ha sido por él. Pero, como decía al principio, es un quiero y no puedo.

Trama, actuaciones, personajes… planos, sin chispa, sin chicha. Todo se queda a medias, sin desarrollar, en la superficie. Y no será porque no tiene los ingredientes idóneos para conseguir una buena película: buenos actores, bonita fotografía, dramita del bueno. Pero la pareja formada por Styles y Dawson, que tenían que decírmelo todo, no me ha dicho nada. Sí, tienen química, pero su historia no es de esas que te llega al corazón, de esas para recordar. Más bien todo lo contrario: bastante olvidable. Me ha resultado más interesante pensar en el proceso de maquillaje para cubrir los tatuajes de Harry Styles, que gran parte de lo que ocurre en los 113 minutos de metraje.

¿Y cómo es la interpretación de Styles? Poco natural. Se nota su falta de experiencia, sobre todo al compararla con la de Corrin, que se come las escenas que ambos comparten y quien transmite a la perfección el dolor de esa mujer no correspondida y engañada. Por su parte, la actuación de Dawson es correcta; es capaz de derrochar encanto y, al mismo tiempo, con un pequeño gesto, mostrar la tristeza de tener que vivir escondido.

Y es que, a grandes pinceladas, la película lanza un mensaje importante y concienciador sobre cómo las personas LGBT+ han tenido que vivir (y viven) ocultando lo que son para evitar las represalias de la sociedad; sobre las consecuencias de vivir en las sombras, las oportunidades y amores perdidos y el irremediable paso del tiempo. My Policeman pintaba bien, pero le falta emoción, pasión, ese no-sé-qué que te estruje el corazón.

Puntuación: 2 de 5.

Publicado por Cintia Fernández

Leo, escribo, corrijo. Y vuelta a empezar.

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