As bestas

★★★★★

Hay películas incómodas. Molestas. Cuya contemplación provoca zozobra y desasosiego interior. Sus diálogos se sienten como coces en la boca del estómago y sus silencios lacerantes se tornan inolvidables, abismales. Hay películas molestas y a la vez imprescindibles. Soberbias. Mayúsculas. As bestas es una de las mejores películas que nos deja este 2022 y, además, es una de esas cintas que permanecerán décadas en las retinas de sus espectadores. De esos largometrajes que contienen pasajes que nos despiertan en mitad de la noche. Sobre los que nos sorprendemos rumiando mientras aguardamos en la cola del supermercado o en el atasco matutino antes del trabajo. As bestas es cine del que se enseña en las escuelas y verla duele tanto por momentos porque es uno de los espejos más inaguantables ante los que se puede situar a la sociedad española.

El quinto largometraje de Rodrigo Sorogoyen es una joya del séptimo arte por la que se pasean Goya, Cervantes, Guédiguian y Peckinpah. Un filme de tintes fordianos en el que la cámara desaparece y los espectadores se confunden con los protagonistas para vivir —para sentir— en sus carnes este drama rural universal.

Rodada con inusitado pulso y una economía de recursos que ahonda en lo descarnado de su trasfondo argumental, As bestas se sustenta en un impecable trabajo actoral. No solo hay que alabar la interpretación de Luis Zahera (Xan), sino las de Denis Ménochet (Antoine), actor fetiche de François Ozon, y Marina Foïs (Olga). Los intérpretes galos son capaces, ambos, de cargar con el peso argumental de una película que encierra en su interior otras muchas historias devastadoras. La dirección de actores es uno de los grandes logros de Sorogoyen aquí, quien no sólo es capaz de rodar con una maestría apabullante, sino que consigue algo tan difícil como hacer desaparecer la cámara. Ya desde la frenética secuencia inicial en el furancho —autohomenaje a la que abre El reino— que sirve como presentación de personajes y sienta las bases del conflicto ulterior, la mirada del realizador es certera.

No sobra nada, no hay ni un subrayado innecesario. Al contrario, la película está repleta de sugerencias, indicios… Todas las pistas —lo sabemos desde el principio— apuntan en la misma dirección, lo que no esperamos es lo que ocurre después. Porque como avanzábamos, en esta lección magistral de cine que nos regalan Sorogoyen e Isabel Peña, se recurre a una de las elipsis más asoladoras del cine patrio. Es ahí, en esa otra película que no esprábamos, donde As bestas adquiere ese carácter universal. Donde el relato trasciende y todo lo visto —y sentido— hasta entonces cobra una nueva dimensión. Donde el dolor, la pérdida, el silencio, la resiliencia, el compromiso, el amor, la fidelidad y la entrega se imponen al odio, la envidia y a esa España negra y hedionda aún tan presente. Porque aunque nos duela, estamos llenos de esa ponzoña que nos corre por las venas.

Puntuación: 5 de 5.

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