Glass Onion

★★★★☆

Parece más que evidente que a estas alturas podemos dar por finiquitado el debate acerca del dicho mil veces repetido que segundas partes nunca fueron buenas. Existen decenas de títulos cinematográficos que desmienten el aforismo, sin ir más lejos el que aquí nos ocupa. La burbujeante imaginación de Rian Johnson continúa haciendo las delicias de sus seguidores, en este caso sumando una nueva entrega a su propia franquicia. Su muy personal revisión —y reformulación— de los clásicos del crimen y el misterio con el inefable Benoit Blanc a la cabeza no deja títere con ídem en esta vitriólica segunda aventura. Johnson repite su apuesta de un reparto estelar del que se sirve para despellejar a gusto los pecados capitales de la sociedad norteamericana. Si en Puñales por la espalda criticaba sin ambages el clasismo rancio y xenófobo de los republicanos trumpistas —y de paso las miserias de la presunta clase media-alta yanki— tres años (y una pandemia) después le toca el turno a la dictadura de las redes sociales; algo que ya insinuaba su antecesora, pero que aquí se convierte en (mucho) más que un asunto recurrente. Gurús, influencers, políticos, desarrolladores de apps… nadie sale indemne de la mordaz crítica que el realizador y guionista lleva a cabo en esta entrega de la que parece que se consolidará como fructífera franquicia (aunque quizá ya relegada a su estreno sólo en plataformas).

Porque Johnson disfraza esta matrioska en apariencia inane hasta convertirla en la más despiadada crítica a la megalomanía. No hace falta explicar en quién se basa el cineasta para crear a Miles Bron (Edward Norton), del mismo modo que es bastante evidente que las capas que conforman el filme no son más que excusas argumentales para jugar con el espectador y regodearse en su gozoso despelleje de los males que aquejan a la vacía sociedad actual simbolizados en una irrisoria galería de peterpanes incapaces de morder la mano que les da de comer. Quizá la más despiadada de todas las críticas que Johnson realiza a los emporios mediáticos actuales vaya, precisamente, a parar a esos plumillas incapaces de teclear una sola palabra en contra de los magnates responsables del fin del pensamiento crítico. La colección de personajes que encarnan en esta cinta Kate Hudson, Dave Bautista, Kathryn Hahn y Leslie Odom Jr. ejemplifica ese deleznable entramado de redes clientelares que ha terminado por desprestigiar a políticos y medios de comunicación al servicio de multimillonarios con la mentalidad de un bebé de tres años. Los mismos críticos, por cierto, que se han encargado en redes sociales —no puedo imaginarme por qué será— de querer desprestigiar el argumento de este película, dando la razón a Johnson. El director, de hecho, convierte a su protagonista —de nuevo espléndido Daniel Craig— en una indisimulada proyección de sí mismo en varios momentos del filme —que no desvelaremos aquí— por el que, además, se pasean un buen puñado de jugosos cameos que harán las delicias de los espectadores más despiertos.

Del mismo modo, hay mucho de autorreferencial en varias de las bromas que trufan esta película, mucho más ligera que su predecesora en lo que a tramas argumentales se refiere. Algo obviamente buscado desde un guion que vuelve a engranar a la perfección y en el que, como ya decíamos, se juega con la complicidad del espectador curtido en las reglas tradicionales del género. Aún así, la película posee un par de inteligentes giros argumentales que no se ven venir y, sobre todo, vuelve a contar con un poderoso personaje protagonista femenino. En este ocasión es Janelle Monáe quien toma el revelo de Ana de Armas. Johnson también repite en esta entrega con sus dos colaboradores habituales: el director de fotografía Steve Yedlin; y su primo y compositor Nathan Johnson, como responsable de la banda sonora. Atención a las múltiples (y explícitas) referencias cinéfilas diseminadas por los casi 140 minutos de metraje y que sin duda harán las delicias (entre otros) de los seguidores de Paul Thomas Anderson y David Fincher. Johnson vuelve a demostrar que posee un talento apabullante para rodar con ritmo, ingenio, humor y, sobre todo, insuflar una pizquita de emoción a estos productos que por muy alimenticios que puedan parecer no han perdido un ápice de la mala baba marca de la casa.

Puntuación: 4.5 de 5.

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