Pobres señores Darling

Los inviernos ya no asustan como antes, pero esa mañana de enero una ráfaga de hielo se tornó en un rechinar de dientes. Ella se agarró con ambas manos al auricular del teléfono antes de marcar el número de casa. Su madre se lo descubrió en seguida. No hizo falta mucho más. La esperaban aSigue leyendo «Pobres señores Darling»