Pudo ser un viento de poniente. Quizá la luna, girando en espiral. Tal vez, un remolino cogido de tu pelo, cual horquilla a media tarde. Una puesta de sol desde la azotea. Los tejados de la ciudad sonríen y nos miran. Y yo. Y tú. Nos quisimos de lejos. Al despedirnos en instantes eternos. EnSigue leyendo «∞»