Nebraska

Resulta admirable la capacidad de algunos cineastas para conseguir insuflar su marca de fábrica a todo cuanto tocan. Éste es el caso de Alexander Payne, director de esa obra menor titulada Nebraska que en manos de cualquier otro realizador habría sido carne de estrenos tv. Una ordinaria historia sobre gente corriente que, inexplicablemente, consigue conectar con el espectador e incluso tocarle la fibra con un edulcorado y autocomplaciente final. Todo muy hollywoodiense si no fuera porque la película está rodada en un descarnado blanco y negro y protagonizada por una pléyade de actores desconocidos u olvidados. Metáfora perfecta de esa otra norteamérica que sólo ocupa las amarillas portadas del drama y la pesadilla. La cara b del American Dream repicando constantemente para que, plano a plano, no se nos olvide. Un ejército de perdedores, de personajes anónimos y muy menores que reclaman su oportunidad en la vida. Una agridulce historia del fracaso que tiene su mayor baza en la pareja protagonista: Bruce Dern y Will Forte. Raya también a un gran nivel June Squibb y se agradece que el casting recupere al otrora galán televisivo Stacy Keach (inolvidable Mike Hammer). Road movie de ida y vuelta con destino a ninguna parte que tiene uno de los mejores diseños de cartel del año.

Muy adecuada la ambientación y, sobre todo, la BSO de Mark Orton que acompañan a este inverosímil guion de Bob Nelson que Payne consigue hacer creíble -y suyo-. Al igual que el cineasta logró que nos interesaran las vicisitudes de ese atribulado padre de familia hawaiano interpretado por George Glooney en Los descendientes, quizá su mejor película hasta la fecha. Nebraska es, asimismo, una cinta que ha servido para recopilar múltiples alabanzas para Bruce Dern, quien -dicen- interpreta en esta película “el papel de su vida”. Creo que nos volvemos benévolos con la edad; tanto la propia como la ajena. Seguramente ésta es la única forma de explicar tanto el comportamiento de algunos hijos con sus alcohólicos y demenciados padres como el de los críticos con una película formalmente más que correcta, pero en ningún caso merecedora de media docena de candidaturas a la dorada estatuilla.

Seis candidaturas a los Oscar®:

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