Genesis (Genèse)

Genèse

GenèseTan irritante como innecesariamente larga, Genèse, sorprendente continuación de Los demonios (2015), nos devuelve a un Philippe Lesage empeñado en filmar películas para no pasar por el psicoanalista. En esta ocasión, el cineasta quebequés nos muestra el que a su juicio es el origen de, si no ya todos sí, la gran parte de los males de este mundo: el amor romántico. El planteamiento podría ser en principio simple, siguiendo el esquema tradicional de planteamiento-nudo-desenlace, pero Lesage se empeña en retorcerlo todo y complicar la existencia del espectador hasta extremos insospechados. Sin desvelar las muy discutibles decisiones del realizador canadiense, sí podemos distinguir dos partes muy diferenciadas en el filme. Aviso a navegantes, la referencia inicial a otra película del director no es en absoluto casual y sí fundamental para no abandonar la proyección desquiciado.

Dicho esto, Genèse, la génesis sentimental de la que trata el filme, es un palíndromo contado en paralelo, que narra las peripecias amorosas de dos hermanos: Guillaume (Théodore Pellerin) y Charlotte (gran descubrimiento, Noée Abita). Él elige el sarcasmo como arma defensiva ante la inseguridad de una sexualidad por descubrir y apuesta por la valentía y la sinceridad, aún a riesgo de quedarse solo. Mientras, su hermana, con una relación asentada, se ve impulsada a explorar otros caminos sentimentales, aunque esto le obligue a traicionarse a sí misma con tal de conservar la comodidad de una vida en pareja. Lesage decide narrar ambas historias utilizando los mismos motivos sonoros de forma recurrente, para definir las experiencias que atraviesan ambos jóvenes en su drama existencial (Aldous Harding, TOPS, John Maus y Le Tigre).

Por desgracia, todo se percibe como profundamente impostado y deliberadamente dirigido a epatar al espectador: fotografía analógica, cámaras Hasselblad, mochilas Kånken, referencias a Jean Leloup, Salinger, Morrissey… Clichés de todo a cien que contrastan con dos de las secuencias de más fuerza visual del filme: la confesión de Guillaume ante su clase y la intoxicación etílica de Charlotte. Es tal la deliberada asepsia con que Lesage decide registrarlas, con un encuadre fijo que convierte a los espectadores en incómodos voyeurs, que acaba por irritar. Máxime cuando, tras el plano con el que creíamos que se cerraba el círculo, decide ‘regalarnos’ un interminable epílogo en el que retoma a su alter ego fílmico, Félix (Édouard Tremblay-Grenier), protagonista de Los demonios. Esto amenaza con trilogía.

Genèse se proyectó en pase vespertino en el teatro Cervantes dentro de la cuarta jornada de la Sección Oficial de la 63ª Seminci. Silencio tenso al término de la exhibición.

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