Head Full Of Honey (Honey In The Head)

Honey In The Head

Honey In The HeadMelaza. El desecho que se produce al refinar la miel, los restos, es la mejor definición de la copia que se proyectó como clausura de la 63ª Seminci de la nueva aventura cinematográfica del realizador germano Til Schweiger: Head Full Of Honey. Título alternativo de la revisión de su cinta de 2014 Honey In The Head (Honig im Kopf), sólo se justifica como vehículo de lucimiento de un desmedido Nick Nolte. Aunque la película también podría pasar como sucedáneo de una de esas guía de viajes televisivas presentadas por personajes famosos. Es tan nefasto el resultado final (suponemos que se tratará de dignificar en la sala de montaje), que como espectador sólo se puede ver con la distancia necesaria que dan la incredulidad y el sentido del humor.

Con Nolte (Amadeus) campando a sus anchas por todo el metraje —y media Europa junto a su nieta Thilda— como improbable enfermo de Alzheimer en fase avanzada, al tiempo que otrora figuras respetadas como Matt Dillon, Jacqueline Bisset y, sobre todo, Emily Mortimer (menuda rachita lleva) dilapidan su prestigio en favor del vil metal en esta revisión de la cinta que atrapó a más de 70 millones de espectadores germanos hace cuatro años. Para culminar el desaguisado, el remozado (¿?) guion —apenas un par de referencias a Trump y la inmigración forzosa— cuenta con la colaboración de la escritora Jojo Moyes. Vigilen su hiperglucemia.

Rodado entre mayo y julio de este año en localizaciones de Alemania, Italia y Reino Unido, este remake supone además el debut cinematográfico de la joven Sophie Lane Nolte, fruto de la relación entre Nick Nolte y Clytie Lane. Con once años recién cumplidos, la niña es el gran descubrimiento de una película totalmente innecesaria, pero en la que padre e hija derrochan química. Pobre bagaje para aspirar a cerrar con un mínimo de dignidad un festival de cine de autor como el pucelano, todo sea dicho. Larga, reiterativa, infantiloide, repleta de instantes musicales que enfatizan situaciones tan rocambolescas como avergonzantes. Bien es cierto que la popularidad de Schweiger en su país natal no siempre ha ido aparejada a su pericia como realizador, pero en este caso el resultado final es bochornoso. Se supone que su predisposición a filmar esta revisión hollywoodiense —en la que incluso se reserva un cameo— sólo se puede entender en forma de una generosa cantidad de ceros en su cuenta corriente.

El filme se proyectó fuera de concurso como clausura a la Sección Oficial de la 63ª Seminci, previa lectura por parte del director del festival, Javier Angulo, de un comunicado emitido por los responsables de la película que alertaba de su condición de copia previa al montaje final. Pero ni por esas se salva.

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