Con quién viajas

Con quién viajas
★★★★☆

Inclasificable debut en el mundo del largometraje, Con quién viajas atesora innumerables virtudes en sus apenas 90 minutos de duración. Thriller con Macguffin incluido. Dramedy claustrofóbica, Road movie costumbrista. Cualquiera de las etiquetas que se pueden aplicar a la película de Martín Cuervo se quedan cortas ante la complejidad que encierra una propuesta en apariencia amable, pero repleta de giros y sorpresas inesperadas. Rodada a partir de las experiencias del propio cineasta como usuario de BlaBlaCar, la cinta es un compendio de anécdotas convertido en lúcido guion que exprime al máximo las cualidades actorales de sus cuatro protagonistas. En especial, las de un Salva Reina (Julián) en estado de gracia, bordeando la exageración y cuya capacidad de improvisación consigue hacer creíble una rocambolesca historia con solo cuatro personajes encerrados en el interior de un coche que un domingo de abril realiza el trayecto Madrid-Cieza.

Digna heredera del costumbrismo de Azcona, Con quién viajas retrata con una socarrona mala baba las miserias de esta España nuestra ante la mirada atónita de un espectador que no sabe muy bien si reír o gritar. La existencia del elemento disruptivo que condiciona todo cuanto el espectador ve ya desde el plano inicial logra generar una tensión soterrada que con habilidad y un ritmo endiablado Martín Cuervo transforma en comedia del absurdo, al tiempo que le sirve para presentarnos a sus cuatro personajes protagonistas. El peso del filme recae en los asientos delanteros, (el ya citado) Salva Reina y Ana Polvorosa (Ana). Esta última consigue una composición llena de matices y canaliza (condiciona) las sospechas del espectador a medida que la trama se llena de (no tan) casuales coincidencias y contradicciones. Cuervo convierte el primer tercio del filme en un toma y daca interpretativo entre ambos, sin olvidarse del resto de pasajeros —Elisa (Andrea Duro) y Miguel (Pol Monen)— cuyas caras y reacciones en segundo plano son imperdibles. La habilidad del cineasta para mover la cámara por el interior del vehículo nos regala varios planos sorprendentes que certifican el talento ya probado durante su larga carrera como cortometrajista.

Aunque, sin menospreciar los aspectos técnicos, donde la película juega su mayor baza es en el mensaje que subyace las distintas tramas entrelazadas. La despersonalización de las relaciones, la dependencia (y dictadura) de las redes sociales, la incomunicación, la masculinidad tóxica, los prejuicios… Asuntos que configuran nuestra manera de relacionarnos hoy en día y sobre los que Cuervo reflexiona sin caer en subrayados y apelando a la inteligencia del espectador. Magnífico trabajo también de Pablo Bürmann (Caronte, Atlánticas) como director de fotografía y acertado score de Iván Valdés, que acentúa el clímax de una película que encierra más de una sorpresa final y en estos tiempos tan carentes de propuestas frescas y originales certifica a Hugo Martín Cuervo como uno de los realizadores a seguir en los próximos años.

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