Los informes sobre Sarah y Saleem

The Reports on Sarah and Saleem

The Reports on Sarah and SaleemThriller cargado de tensión —no sólo sexual— que evidencia no pocas confrontaciones en el Jerusalén actual. Sin caer en lo evidente del manido discurso palestino-israelí, el joven realizador Muayad Alayan construye un drama muy maduro a partir de las solventes interpretaciones del cuarteto protagonista formado por Sarah (Sivane Kretchner), David (Ishai Golan), Bisan (Maisa Abd Elhadi) y Saleem (Adeeb Safadi) a través de sus relaciones cruzadas. Película densa en lo argumental y dura en su trasfondo, ya desde el arranque el espectador no logra zafarse de una sensación de incomodidad constante. Como sumidos en un estado de alerta continua que no nos permite relajarnos en ningún momento asistimos a una relación prohibida puramente sexual, pero que por distintos azares —el filme, escrito por el hermano del director, está basado en una historia real— acaba tornándose política. No nos engañemos: todo está salpicado por la política en los dos Jerusalén que la cinta nos muestra.

La dificultad de las relaciones entre judíos y palestinos, la militarización de la existencia de millones de personas que tratan de buscarse la vida a uno y otro lado sin importarles cruzar tantas fronteras como sea necesario. Desde este punto de vista se entiende la primera hora del filme, en el que los hombres —tanto Saleem como David— dictan el discurso imperante. Mención especial para el cameo del siempre estimulante actor palestino Kamel El Basha (El insulto) con su pequeña, pero decisiva, contribución al devenir del filme. Pero cuando la película se torna mucho más interesante es en su segunda mitad, precisamente el momento en que las mujeres comienzan a tomar el mando de la narración. Con una fuerza inusual en el cine que nos llega desde oriente medio, los hermanos Alayan logran articular un discurso integrador en el que valores ancestrales como la lealtad y la justicia logran imponerse a una concatenación de hechos que parecían abocarnos a una catástrofe final. La cámara nerviosa del inicio de la película logra serenarse en los puntos de mayor dramatismo de un filme en el que los asuntos de Estado pasan a un segundo plano cuando lo que está en juego es la decencia y la dignidad personal. Y todo ello sin pretender incomodar a ninguna de las dos partes envueltas en un conflicto milenario al que gracias a esta película nos acercamos con otros ojos.

La película se proyectó en la segunda jornada de la 63 Seminci en horario vespertino en el teatro Carrión. Buena acogida del público, con breves aplausos al término del pase. Previamente se pudo ver el anodino cortometraje de animación Bloeistraat 11, de la neerlandesa Nienke Deutz.

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